Patxi López: de la indignación a la negociación con Bildu

Dic 1, 2025

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Las Lagrimas de Cocodrilo de Patxi López

«Tu miseria moral es infinita», así respondió Patxi López al eurodiputado de Vox Hermann Tertsch por usar una foto del funeral de un compañero asesinado por ETA. Hoy, ese mismo López forma parte del equipo que negocia públicamente con los herederos políticos de esa organización.

La trayectoria política de Patxi López es un reflejo descarnado de las profundas transformaciones y contradicciones de la izquierda española en las últimas dos décadas. Un viaje que lo ha llevado desde la primera línea de la resistencia contra ETA, donde cargó con el féretro de compañeros asesinados, hasta la mesa de negociación con EH Bildu, la formación política que agrupa a la izquierda abertzale y en la que militan condenados por delitos de terrorismo.

Esta evolución, presentada por algunos como un «proceso de paz» y por otros como una claudicación moral, es una de las transiciones más polémicas de la política española reciente.

El punto de partida: víctima y símbolo de la lucha antiterrorista

El 7 de marzo de 2008, ETA asesinaba en Mondragón a Isaías Carrasco, exconcejal del PSE-EE, días antes de las elecciones generales. La imagen de Patxi López, entonces secretario general de los socialistas vascos, portando el féretro de su compañero se convirtió en un símbolo del dolor y la resistencia de un partido que perdió a 69 de sus miembros por la violencia terrorista.

En aquellos años, la postura del PSE era inequívoca. López declaraba en 2011: «No habrá ni un paso atrás en la lucha contra ETA ni en el respeto a las víctimas». El discurso era claro: antes de cualquier normalización política, la izquierda abertzale debía condenar sin ambigüedades la violencia, aceptar el marco legal y romper definitivamente con ETA.

El giro estratégico: la «realpolitik» frente a los principios

El cambio comenzó a gestarse con la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE. En 2016, Sánchez ya planteaba una «nueva fase» que incluía dialogar con todos los partidos, incluyendo a Podemos y a las fuerzas nacionalistas. Para los socialistas vascos como López, esto suponía un terremoto ideológico: pasar de considerar a Bildu como un paria político a aceptarlo como interlocutor necesario para gobernar.

El momento crítico llegó en 2018, cuando Sánchez necesitaba los votos de Bildu para su moción de censura contra Mariano Rajoy. Según reveló El Español, se produjo un encuentro secreto en un caserío vasco entre Pedro Sánchez, Santos Cerdán y Arnaldo Otegi, entonces aún en prisión pero convertido ya en el líder indiscutible de la izquierda abertzale. Patxi López, aunque no estaba presente en esa reunión, se alineó con la nueva estrategia.

La justificación pública fue siempre la misma: Bildu había condenado la violencia, aceptado el marco constitucional y era un actor democrático legítimo. Sin embargo, para muchos socialistas históricos y víctimas del terrorismo, este giro tenía un nombre más crudo: oportunismo político.

Las críticas y las contradicciones

1. La deslealtad a la memoria de las víctimas

Las asociaciones de víctimas del terrorismo han sido las más críticas con esta evolución. Consuelo Ordóñez, presidenta de COVITE y hermana de Gregorio Ordóñez (asesinado por ETA en 1995), ha calificado estas aproximaciones de «traición a los que dieron su vida por la democracia». Para ella, la equiparación de Bildu con partidos nacionalistas democráticos como el PNV ignora que en sus filas siguen militantes que nunca han roto con su pasado etarra.

2. La incoherencia ideológica

¿Cómo justifica un político que hizo de la lucha contra ETA su bandera sentarse ahora con quienes fueron su entorno político? López y el PSOE han construido un relato de «reconciliación» y «normalización» que muchos encuentran insatisfactorio. El argumento de que «Bildu ha cambiado» choca con la presencia en sus listas de personas condenadas por delitos de terrorismo o enlace con ETA.

3. El doble rasero hacia otros partidos

Mientras el PSOE ha normalizado sus relaciones con Bildu, mantiene un discurso de deslegitimación hacia partidos como Vox, a los que acusa de «ultraderecha» y con los que se niega a pactar en cualquier circunstancia. Esta selectividad en los diálogos «necesarios» revela un pragmatismo que muchos interpretan como mero cálculo electoral.

4. La instrumentalización del dolor

El episodio más crudo de esta tensión se produjo cuando el eurodiputado de Vox Hermann Tertsch utilizó la foto del funeral de Carrasco para atacar a López. La reacción del socialista fue furibunda, acusando a Tertsch de «miseria moral». Sin embargo, ¿no instrumentaliza también el PSOE el dolor de las víctimas cuando usa su memoria para justificar unos pactos y condenar otros?

La reunión de octubre de 2023: la normalización completa

El  13 de octubre de 2023, el PSOE y EH Bildu celebraron su primera reunión pública oficial en el Congreso. Para la formación abertzale fue un «hito histórico», la culminación de su proceso de legitimación. Para el PSOE, un paso necesario para asegurar la investidura de Sánchez.

Lo significativo no fue el encuentro en sí (llevaban años reuniéndose en privado), sino su publicidad y normalización. Patxi López, sentado en esa mesa, representaba mejor que nadie la distancia recorrida: desde quien cargaba el féretro de las víctimas hasta quien negocia con sus herederos políticos.

Conclusión: ¿evolución necesaria o claudicación?

La trayectoria de Patxi López plantea preguntas incómodas sobre la naturaleza de la política en las democracias contemporáneas:

  1. ¿Hasta qué punto el pragmatismo electoral justifica revisar principios que se defendieron como innegociables?
  2. ¿Es posible una reconciliación nacional sin una autocrítica completa por parte de quienes apoyaron la violencia?
  3. ¿Dónde está el límite entre la realpolitik y la coherencia moral en la vida pública?

Lo que para unos es un proceso maduro de pacificación, para otros representa la victoria póstuma de ETA: conseguir, a través de sus herederos políticos, lo que no lograron con las bombas y las pistolas: influir decisivamente en la política nacional española.

Patxi López encarna esta contradicción. Su viaje desde las lágrimas vertidas en Mondragón hasta la sonrisa protocolaria en el Congreso refleja no solo la evolución cínica de un político, sino la de un país que sigue sin resolver cómo conjugar memoria, justicia y gobernabilidad. En este equilibrio inestable, cada apretón de manos con Bildu resuena como un eco lejano de los disparos que acabaron con la vida de sus compañeros.

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