Óscar Puente: la desconexión del ministro que no asume culpas en medio del desastre ferroviario

Ene 21, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 Óscar Puente: la desconexión del ministro que no asume culpas en medio del desastre ferroviario

Ante la cadena de tragedias, el ministro de Transportes se esconde y elude cualquier responsabilidad, y prioriza la autodefensa y la foto política, mientras maquinistas y víctimas claman por un liderazgo que no llega

En una semana marcada por el luto y la indignación, con 43 muertos entre Adamuz y Gelida, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha ofrecido una maestría en lo que no debe hacer un responsable público: minimizar, justificarse y exhibir una frialdad que raya en la insensibilidad. Mientras los sindicatos paralizan Cataluña por inseguridad y las familias entierran a sus seres queridos, el titular del ramo se ha dedicado a defender su gestión con datos autocomplacientes, a enredarse en batallas políticas y a eludir cualquier atisbo de autocrítica o responsabilidad ministerial.

De la tragedia a la «infalibilidad»: un discurso en las antípodas del dolor

Frente a la mayor crisis de seguridad ferroviaria en años, la prioridad de cualquier líder sería mostrar empatía, transparencia y una determinación férrea para esclarecer los hechos. Óscar Puente optó por la autoproclamada «infalibilidad». En plena cobertura del accidente de Adamuz, defendió en RNE que el sistema de alta velocidad español es «algo cercano a la infalibilidad». Esta declaración, hecha mientras se extraían cuerpos de los vagones y el SEMAF declaraba insegura la red catalana, resonó como un insulto a la inteligencia colectiva y al dolor de las víctimas.

Sus explicaciones han sido un ejercicio de contorsionismo para descargar responsabilidades. Calificó el accidente de Adamuz de «tremendamente extraño» y «muy difícil de explicar», para acto seguido dedicar minutos a detallar que la vía se renovó en mayo de 2025 y el tren era «prácticamente nuevo». El mensaje implícito era claro: la culpa no puede ser del mantenimiento o el material rodante que su ministerio supervisa. Con fría contundencia, sentenció que la tragedia «no tiene nada que ver con la inversión», esgrimiendo una cifra de 6.000 millones invertidos en dos años como escudo. Ante la muerte, su primera reacción fue defenderse a sí mismo y a su gestión con estadísticas.

Frivolidad como marca de la casa: de los incendios a los descarrilamientos

Esta respuesta no es una anomalía, sino la manifestación de un patrón consolidado. Puente ha convertido la frivolidad y el enfrentamiento partisan en su seña de identidad, incluso ante desgracias nacionales. Durante los catastróficos incendios de agosto de 2025, su contribución desde el ministerio no fue articular el transporte de medios, sino libar una guerra tuitera de mal gusto contra el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. Se burló de sus vacaciones en Cádiz con mensajes como «¿Te ha contado qué tal el tiempo en Cádiz? En CyL está calentita la cosa», y llegó a insinuar que podía «echarle una mano» al fuego de Tarifa. Ante las críticas, su réplica fue llamar «sinvergüenzas» a los políticos de la oposición.

Este talante ligero y confrontativo ha teñido ahora su gestión de la crisis ferroviaria. Mientras el sindicato SEMAF, representante de quienes arriesgan su vida en las cabinas, alertaba de la «pasividad de las autoridades» y la «falta de garantías», exigiendo la paralización de Rodalies, el ministro se limitó a señalar causas meteorológicas. Su sensibilidad ante la muerte de un joven maquinista en prácticas en Gelida y de decenas de personas en Adamuz quedó sepultada bajo capas de tecnicismos y autodefensa.

Acto de presentación sobre escombros: prioridades invertidas

La culminación de esta desconexión tuvo lugar en Barcelona. En la misma semana en que la red demostraba su letal vulnerabilidad, la agenda prioritaria de Óscar Puente no fue una reunión de crisis con los maquinistas, una visita a las vías afectadas o un gesto de cercanía con los heridos. Fue presidir el acto de presentación de la nueva empresa «Rodalies de Catalunya» en el Palau de la Generalitat, junto al presidente Salvador Illa.

Allí, entre focos y fotos de protocolo, habló de «acercar la gestión a las personas» y celebró este «hito». Un ejercicio de maquillaje institucional que buscaba proyectar normalidad y control, mientras en la práctica la red catalana permanecía paralizada, cientos de miles de usuarios colapsados y los profesionales en pie de guerra. Puente priorizó la foto política sobre la gestión de la emergencia, el relato sobre la realidad.

Consecuencias de la desconfianza: huelga, desobediencia y llamamientos a dimitir

El resultado de esta gestión insensible y evasiva es la pérdida total de credibilidad y el colapso de la confianza en la autoridad ferroviaria.

  1. Rebelión de los profesionales: El sindicato SEMAF no solo ha convocado una huelga general, sino que ha dado una instrucción sin precedentes: si la empresa no les da garantías por escrito de seguridad, los maquinistas deben «adaptar la marcha del tren a las condiciones reales», es decir, circular por debajo de la velocidad permitida. Es una desobediencia técnica fundada en la legítima defensa propia y de los pasajeros, ante la ausencia de liderazgo ministerial.
  2. Crisis política amplificada: La oposición, con Junts a la cabeza, ha solicitado su comparecencia urgente en el Congreso para responder por «la mala gestión de la crisis». Las peticiones de dimisión comienzan a resonar en el debate público, al considerar que su actitud agrava la crisis en lugar de resolverla.
  3. Abandono a los ciudadanos: Mientras el ministro se enroca en su negativa a asumir culpas, 400.000 usuarios de Rodalies sufren un colapso total de su movilidad, las familias de las víctimas buscan respuestas que no llegan, y el país entero cuestiona la seguridad de un transporte público que debería ser un pilar del Estado.

La pregunta que queda flotando, más allá de los fallos técnicos que investigarán los peritos, es de carácter político y moral: ¿Puede un ministro que ante la tragedia responde con autocomplacencia, que ante la crítica reacciona con frivolidad y que ante la responsabilidad responde con evasivas, seguir dirigiendo la seguridad de millones de ciudadanos? El tiempo de las excusas ha terminado. Las vías, literal y metafóricamente, exigen un cambio de rumbo.

 

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