Óscar Puente, el azote del patriarcado: pasa de insultar a las mujeres de la oposición a fingir que le importan los muertos de Adamuz

Mar 19, 2026

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El ministro de Transportes demuestra su compromiso con la igualdad utilizando a las parejas de sus rivales como punching ball matutino mientras los trenes se deshacen, los viajeros se quejan y su ministerio arde en llamas de la peor manera: la del abandono

Ahí está. En su trinchera. En su puesto de mando. Escupiendo odio por los cuatro costados. En la primera línea de fuego contra el machismo estructural. Sí, señoras y señores, mientras el caos ferroviario siembra de viajeros varados los andenes de media España, mientras los trenes Averías Limited siguen haciendo de las suyas y los problemas de movilidad sostenible se resuelven a base de retraso sostenido, el ministro de Transportes, el gran Óscar Puente, ha decidido ejercer de lo que mejor sabe: de héroe del feminismo tuitero y de fiscal general de las parejas de la oposición.

Libertad para teclear

La agenda oficial del ministro para este jueves, presumiblemente, rezaba: «Libertad para teclear». Porque mientras el país trabaja, sufre atascos o llega tarde al trabajo por culpa de las competencias de su ministerio, don Óscar, fiel a su estilo, ha optado por vomitar en la red social X (antes Twitter, antes trinchera digital del proletariado) una lluvia fina de bilis y doble rasero.

La mañana ha sido productiva. Nada menos que 25 tuits en hora y media. Una proeza digna de un community manager con hipomanía, pero que tratándose del ministro de Transportes, adquiere tintes de gesta histórica. ¿Qué agenda política puede competir con la urgencia de difundir bulos sobre la pareja de Juanma Moreno, atacar a la novia de Feijóo o regodearse en la pareja de Ayuso? El hombre, que se las da de defensor de la mujer, ha dedicado la mañana a utilizar a las mujeres como ariete político. Todo un ejemplo de sororidad.

Y tú más

La maniobra es tan burda como predecible. Como un mal boxeador que solo sabe lanzar el mismo gancho, Puente ha recurrido al manual del «y tú más». ¿Que investigan a Begoña Gómez? Pues él saca el martillo y empieza a repartir mandobles contra «la novia de Feijóo» y «la mujer de Juanma Moreno», importando un bulo ya desmentido de una tuitera de extrema izquierda que se autoproclama «bloqueo feminista». Porque, oiga, si ella bloquea a los que no piensan como ella, está ejerciendo el feminismo; si él lo hace, es simplemente «activismo digital».

La hipocresía alcanza cotas estratosféricas cuando uno recuerda que hace apenas dos meses del trágico accidente de Adamuz, donde perdieron la vida 46 personas. En la víspera de la tragedia, el ministro de Transportes, el responsable político de la seguridad vial ferroviaria, estaba más preocupado por el look de la mujer de Almeida o por las relaciones de Ayuso con un periodista que por revisar los protocolos de seguridad de las vías. Luego, cuando el infortunio llama a la puerta, toca poner cara seria y tuits escuetos. El postureo no entiende de dolores, solo de focos.

Uno se pregunta: ¿no hay ningún acto oficial? ¿Ninguna reunión de urgencia? ¿Ningún comité de crisis? ¿Ningún tren que revisar? Pero claro, es más fácil y menos costoso electoralmente dedicarse a la crónica rosa-política. Para eso le pagan, al parecer. Para que, mientras España se mueve (o intenta hacerlo), él se mueva entre el like y el retuit, encantado de haberse conocido.

Patético y cobarde

Lo más patético del asunto es la cobardía del método. No va contra Feijóo, va contra su pareja, porque supone que es un blanco fácil y menos protegido. No va contra Moreno Bonilla, va contra su mujer. Todo ello aderezado con esa pose de graciosillo de patio de colegio que cree que por escribir «una pregunta, ¿de esto le preguntaron?» ya está haciendo periodismo de investigación. No, señor ministro, usted está haciendo el ridículo. Y lo peor no es que lo haga, es que lo haga en horario laboral y con nuestro dinero.

Óscar Puente es el síntoma perfecto de un Gobierno que, cuando no sabe gestionar lo público, gestiona el odio. Que cuando no puede arreglar los trenes, intenta descarrilar a las familias de los rivales. Un feminista de boquilla que usa a las mujeres como dardos en su diana particular. Un estadista de salón que ejerce de bufón en la red social mientras los españoles esperan, pacientemente, a que alguien arregle el transporte. Pero no se preocupen, que él sigue tuiteando. La patria está en buenas manos. O más bien, en buenos dedos.

Si el ‘Hodiómetro’ el medidor de odio el último invento del sanchismo lo estrena Puente soltando bulos, lo que necesitas, Sánchez, no es un medidor de odio, sino un extintor. Porque esto, con lo que arde, se va a la conchinchina antes de que puedas decir ‘esto es un cortafuegos.

 

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