¡Ole ahí, mi rey! Por fin un Borbón se atreve a decir la verdad: la culpa de todo la tiene España (y ese tal Colón, que era un abusón)

Mar 16, 2026

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El momento histórico que ni el 23-F: un rey confesando delante de un embajador

Nunca un «lo siento» había costado tan poco y prometido tanto. Allí estaba Felipe VI, con esa sonrisa de quien va a pedir la palabra en una reunión de vecinos para confesar que él fue el del cohete en Nochevieja, soltando la bomba: que lo de la Conquista fue un «abuso». Pero no un abusillo menor, no, sino «mucho abuso». Vamos, que los conquistadores se pasaron tres pueblos (y cuatro imperios).

La escena es para enmarcarla: el jefe del Estado, sucesor de los Austrias mayores y menores, heredero de Carlos I (el que tenía un imperio donde no se ponía el sol), reconociendo ante el representante de México que igual, a lo mejor, quizás… la conquista no fue exactamente una excursión de fin de curso con merienda incluida. Y todo ello captado en vídeo, como esos momentos vergonzosos que luego ves en las bodas y piensas «¿quién fue el genio que grabó esto?».

La teoría del «yo quería, pero ellos no me dejaron»

Lo mejor del argumentario real es ese ejercicio de equilibrismo histórico digno de un funambulista borracho. Por un lado, las Leyes de Indias: «mire usted, embajador, que la reina Isabel, que en gloria esté, tuvo un ‘afán de protección’ con los indios. Lo que pasa es que luego llegaron los pesados de los conquistadores y fastidiaron el plan». Es como si un profesor dijera: «Yo quería dar clase, pero luego los alumnos se empeñaron en aprender».

Resulta que la Corona tenía toda la intención de hacer las cosas bien, con sus leyes progresistas y su defensa de los derechos humanos (versión siglo XVI), pero luego estos españoles de a pie, tan desobedientes ellos, se fueron a América y se dedicaron al abuso como quien colecciona cromos. La culpa, como siempre, de los ejecutores, nunca de los que firmaban los permisos de conquista.

Felipe VI, el rey que lee el periódico (y cree todo lo que pone)

Uno no puede evitar preguntarse si Su Majestad ha estado empapándose de la última bibliografía progresista sobre la conquista. Quizás ha visto algún documental de Netflix, o ha leído un hilo de Twitter que le ha abierto los ojos. El caso es que don Felipe, con una sensibilidad casi conmovedora, confiesa que hay episodios de nuestra historia que «no pueden hacernos sentir orgullosos».

Habría que preguntarle si siente el mismo desapego por la expulsión de los moriscos, por la Inquisición o por aquella vez que Felipe II se enfadó con los holandeses y montó un pollo que duró ochenta años. Pero bueno, todo se andará. Seguramente el lunes que viene tendremos otro vídeo: «Pues mira, lo de Flandes tampoco fue plan».

La nueva diplomacia: el postureo como estrategia de Estado

Lo realmente fascinante del asunto es ver cómo la Corona ha decidido que la mejor manera de relacionarse con Iberoamérica es competir por ver quién se siente más culpable. México dice: «Nos invadisteis». España responde: «Sí, pero nosotros lo sentimos mucho más que vosotros». Es como esas parejas que discuten sobre quién quiere más al otro, pero al revés.

Y lo mejor es que este gesto no va a contentar a nadie. Los más radicales dirán: «¿Solo ‘mucho abuso’? ¡Fue un genocidio!». Los más moderados: «Bueno, pero las Leyes de Indias…». Y los españoles de a pie, mientras tanto, viendo cómo su rey se autoinculpa en diferido por algo que pasó hace cinco siglos y que probablemente ni su tatarabuelo tuvo que ver.

El imperio de la culpa: España, campeona del arrepentimiento

Mientras Inglaterra sigue tan ancha con su Imperio Británico (nunca pidas perdón, que luego se acostumbran), Francia pasa de pedir disculpas por Argelia, y Bélgica hace como que el Congo fue un sueño, España se ha puesto el traje de penitente y ha salido en procesión. El Rey, con una humildad casi franciscana, le dice al embajador mexicano: «Teníais razón, lo hicimos mal, muy mal».

Ahora solo falta que empecemos a pedir perdón por cosas más recientes. Por ejemplo: «Perdón por la Expo de Sevilla, fue un desastre organizativo». «Perdón por la Operación Triunfo, no sabíamos lo que hacíamos». «Perdón por el gazpacho, igual es mejor el de bote».

Los abusos y el contexto: ese invitado al que nadie llama

El Rey tuvo un momento de lucidez y mencionó lo del «contexto» y el «presentismo». Es decir, que juzgar el pasado con ojos de hoy es como criticar a los romanos por no tener WiFi. Pero fue solo un espejismo, porque inmediatamente después volvió a lo suyo: «mucho abuso», «no nos sentimos orgullosos», «la reina Isabel quería pero no pudo».

Porque claro, juzgar la conquista con criterios del siglo XXI es fácil. Otra cosa es ponerse en la piel de un español del siglo XVI, que se embarca hacia lo desconocido, sin GPS, sin seguro médico, sin saber si volverá, y encima con la presión de tener que financiar la empresa con sus propios ahorros. Pero eso, bueno, son detalles.

¿Y si pedimos perdón por todo?

A mí, personalmente, esta iniciativa real me parece tan inspiradora que creo que deberíamos extenderla. Propongo una comisión para pedir perdón por:

  • La expulsión de los judíos en 1492 (que ya puestos, fue el mismo año que lo de Colón, para ahorrar trámites).
  • La guerra de Cuba (que al final perdimos, pero igual ofendimos).
  • El día que se inventó el botellón.
  • Todas las veces que un español ha dicho «mañana» y no ha cumplido.

Y ya puestos, podríamos pedir perdón por los visigodos, que igual se pasaron con lo de la unificación peninsular. Y por los fenicios, que nos trajeron el alfabeto sin preguntar. Y por los romanos, que construyeron acueductos sin nuestro permiso.

España, el país que compite por ser el último en la liga de la autoestima

Enhorabuena, Majestad. Ha conseguido usted lo que parecía imposible: que un gesto bienintencionado parezca un acto de rendición. Mientras otros países conmemoran su historia con orgullo (selectivo, pero orgullo al fin), España se ha especializado en el arrepentimiento. Somos los únicos que, cuando nos preguntan por nuestro pasado, respondemos: «Bueno, igual nos pasamos, ¿no?».

Lo mejor de todo es que, con este gesto, Felipe VI ha abierto una nueva era en la diplomacia española. A partir de ahora, cada vez que un país latinoamericano nos pida algo, ya sabemos la respuesta: «Sí, fue culpa nuestra. Perdón. ¿Quieres también el Guernica? Toma, llévatelo». Al fin y al cabo, ¿para qué queremos un imperio si no es para disculparnos por él?

Y como no podía ser de otra manera, «TODOS A UNA COMO EN FUENTEOVEJUNA»: El Mundo – Moncloa respalda «al 100%» la visión de Felipe VI de que hubo «mucho abuso» durante la conquista española de América… Leer Más →

 

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