Marlaska, el ministro que no veía, no oía… y no dimitía

Feb 19, 2026

Sucesos España - Portada 5 POLÍTICA 5 Marlaska, el ministro que no veía, no oía… y no dimitía

Marlaska se aferra al cargo blindado en su ignorancia selectiva: sin saber de la violación de su mano derecha, sin enterarse del espionaje a sus espaldas y sin aparecer por Barbate mientras los narcos rebanan la vida a sus agentes. ¿Sabía o es que no se entera de nada?

El ministro, que presume de tener «mano firme» contra el delito, asegura vivir en una burbuja de ignorancia selectiva: no sabía que su número dos violaba, no sabía que espiaban con Pegasus y no sabe qué pasa en el despacho de al lado. Una carrera de obstáculos contra la realidad.

Si la incompetencia gubernamental fuese una disciplina olímpica, Fernando Grande-Marlaska llevaría años coleccionando oros. El ministro del Interior más longevo de la democracia ha elevado el «yo no sabía nada» a la categoría de arte. Lo suyo no es un simple desconocimiento; es una impresionante enajenación sensorial transitoria que le impide ver, oír o enterarse de cualquier asunto turbio que ocurra a escasos metros de su despacho.

Cuesta mucho, muchísimo creer que Marlaska no supiera que su hombre de máxima confianza, el número dos de la Policía, el director adjunto operativo (DAO), hubiese cometido una gravísima agresión sexual a una subordinada. Pero, ay, amigo lector, si así fuera, estaríamos ante un caso digno de estudio. ¿Cómo es posible que un ministro del Interior no sepa lo que acontece en su propia casa? Si la declaración de un cargo público es «no me enteré», uno puede optar por el cinismo de no creerle o por la preocupante conclusión de que es un verdadero incompetente.

Resulta que el ahora dimitido José Ángel González, el DAO, era más que un subordinado. Era el alter ego del ministro, el hombre al que Marlaska blindó personalmente con un decreto ‘ad hoc’ para evitar su jubilación y mantenerlo al frente de la Policía . Un mando que, según fuentes internas del cuerpo, llevaba siete años dando muestras de comportamientos «inapropiados» y «excentricidades» que eran «un clamor» entre sus compañeros. Siete años. Un clamor. Pero el ministro, en su despacho, no oía nada. El aislamiento acústico del Palacio de Interior debe ser realmente excepcional.

El ciego en la sala de mandos

La ironía alcanza cotas grotescas cuando se repasa el historial de «despistes» del ministro. Porque lo del DAO no es un caso aislado, es un patrón de conducta. Marlaska ya demostró su particular daltonismo político cuando, hace apenas unas semanas, un juzgado de Barcelona imputó a los dos primeros directores de la Guardia Civil que nombró por el espionaje al independentismo catalán con el programa Pegasus .

¿Sabía Marlaska que sus altos cargos espiaban a empresarios y políticos? Él dice que no. Otra vez no. Lo suyo es una carrera de obstáculos contra la realidad. O quizá su escenificada ignorancia contraste sospechosamente con el extraordinario celo que sí ha mostrado para estar al tanto de otras cosas, como las investigaciones judiciales que podían molestar al Gobierno. Ahí no le tembló el pulso para cesar al coronel Pérez de los Cobos por informar de lo que no debía o para truncar las carreras de aquellos guardias civiles que se negaban a actuar como chivatos de su gabinete . Para lo que le interesa, el ministro es una esponja; para lo que mancha, es de teflón.

Barbate: el fantasma que siempre vuelve

Mientras Marlaska no se entera de lo que pasa en sus despachos, los narcos se enteran de todo lo que pasa en sus costas. Hace dos años, una narcolancha asesinaba a dos guardias civiles en Barbate, arrollándolos mientras patrullaban en una zodiac miserable, con la unidad de élite OCON-Sur ya desmantelada por orden de su ministerio .

El Parlamento Europeo emitió un informe demoledor acusando a Interior de «obstruir» la investigación retirando pruebas clave, como la propia patrullera. Y ante la comisión europea que le invitaba a dar la cara, ¿qué hizo Marlaska? Plantarlos. No fue. Prefirió enviar una carta, como el alumno que justifica su ausencia en el examen . «Un ministro cobarde que oculta pruebas», le espetó la oposición . Pero no, si él no sabía nada. Seguramente estaba despistado, pensando en otras cosas. Como en blindar a su amigo el DAO.

El DAO, el decreto y el prostíbulo de Valladolid

Porque hay más. El caso del ya ex número dos de la Policía no solo implica una presunta agresión sexual que la víctima tuvo la valentía de denunciar con un audio en la mano. Ahora sabemos, gracias al trabajo de la prensa, que este mando, al que Marlaska protegió como a un hermano, tenía un pasado «tormentoso» que incluía ya un «problema en un prostíbulo» durante su etapa en Valladolid .

La pregunta es obligada: ¿cómo se nombra para el puesto de mayor confianza a una persona con ese historial? ¿Cómo se le blinda con un real decreto para que no se jubile? La vicesecretaria del PP, Carmen Fúnez, lo resumía con crudeza: Marlaska debe dimitir tanto si sabía como si no. Si sabía y lo ocultó o lo protegió, es cómplice. Si no lo sabía, es un incompetente que no controla ni los trapos sucios de su propia cúpula policial .

Interior ha sido siempre un ministerio opaco, sí. Pero antes, bajo otros gobiernos, al menos teníamos la certeza de que se trabajaba en favor de las víctimas. Ahora, con Marlaska al frente, tenemos la desagradable y desasosegante sensación de que llevan ventaja los delincuentes, sean presuntos violadores, asesinos narcotraficantes o sus encubridores. El ministro, mientras tanto, sigue en su despacho, ajeno a todo, aislado del mundo por un cristal tan grueso que no deja pasar la verdad. Lo malo no es que finja no ver; lo grave es que, a estas alturas, puede que de verdad haya perdido la capacidad de mirar.

 

Contenido de Interés

Noticias Indignantes (INSTAGRAM)

El enfoque principal de esta Red Social es compartir contenido visual, como fotos y videos.

Nuestro colaborador difunde nuestras noticias en redes sociales. Tanto en Instagram, X, Facebook y Telegram.

Tal vez te gustaría leer esto