Las ‘marionetas’ de La Moncloa: Cintora y el periodismo al servicio del PSOE

Ene 13, 2026

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Cómo Jesús Cintora convirtió la televisión pública en un talk show de La Moncloa

Jesús Cintora no es un periodista. Es un alto cargo del Gobierno disfrazado de comunicador, un viceministro de Propaganda cuyas oficinas están en los platós de Torrespaña. Su programa, ‘Malas Lenguas’, es el mayor engaño televisivo de la década: un espacio que se vende como antídoto contra la mentira y funciona como una fábrica de bulos de alto rendimiento, todo financiado con los impuestos de los españoles a los que presume servir.

La operación es tan descarada que roza el genio malvado. Cintora, el hombre que fue despedido de una televisión privada por su línea editorial conflictiva, reaparece como un fénix en la televisión pública. No es una casualidad; es una contratación política con todas las letras. Su misión no es informar, sino custodiar el relato del Gobierno. Y lo hace con una eficacia que haría palidecer a cualquier portavoz de La Moncloa.

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La estafa perfecta: 2.2 millones de euros para reírse de la oposición

El contrato es la joya de la corona. RTVE paga a la productora externa Big Bang Media (The Mediapro Studio) la friolera de 32.000 euros por programa. Multiplíquese por las más de 70 emisiones anuales y se obtiene una factura que supera los 2.2 millones de euros. Todo esto, para un «magacín de entretenimiento» que, curiosamente, dedica el 80% de su tiempo al análisis político más sesgado imaginable.

¿La excusa legal? Que al tener un mínimo componente de humor (los ya desaparecidos ‘Teletrapos’), no es un programa informativo y por tanto puede externalizarse, burlando así la ley que exige que los contenidos informativos de la televisión pública los realice su plantilla. Es un fraude de diseño: se usa un resquicio legal para colar en horario de máxima audiencia, y con dinero público, un panfleto partidista. Los trabajadores de RTVE, aquellos que sí juraron cumplir un manual de estilo basado en la neutralidad, ven cómo se desvía un caudal de millones hacia una productora privada para que haga lo que a ellos les está prohibido.

El «rigor» según Cintora: un diccionario de eufemismos al servicio del PSOE

El lenguaje de ‘Malas Lenguas’ es un estudio de caso sobre la manipulación. Cintora ha desarrollado un glosario orwelliano donde cada palabra tiene un significado opuesto al convencional:

  • «Verificar»: No significa contrastar datos, sino repetir la versión del Gobierno con tono de convicción. Cuando un portavoz socialista suelta una cifra, no se verifica; se amplifica.
  • «Espíritu crítico»: No es cuestionar al poder, es cuestionar a quien cuestiona al poder. El espíritu crítico solo se aplica a la oposición, a los periodistas incómodos o a cualquier voz disidente del relato oficial.
  • «Humor»: No es sátira inteligente, es escarnio y ridiculización previsible de los líderes de la oposición. Un sketch de Ayuso no busca reflexionar, busca reforzar el cliché que su electorado detesta.
  • «Debate»: No es un intercambio de ideas entre posturas diversas, es un monólogo interrumpido por aliados. Invitar a un tertuliano de derechas no es para contrastar, es para tener un saco de boxeo en directo al que golpear entre todos.

Los datos del Instituto Juan de Mariana son demoledores y desnudan esta estrategia: casi el 90% del contenido político del programa es favorable al Gobierno. Es una asimetría tan brutal que invalida cualquier pretensión de periodismo. No es un sesgo; es una línea editorial dictada desde Génova 13, pero ejecutada desde el sofá de La Moncloa.

La victoria final: el silencio cómplice de una profesión vendida

Lo más grotesco de todo no es el programa en sí, sino el silencio atronador que lo rodea. Donde antes hubiera habido manifiestos de periodistas, editoriales indignados y debates acalorados sobre la ética, hoy reina un vacío cómplice. Cintora ha logrado lo imposible: normalizar lo anormal.

  1. Ha convertido la propaganda en entretenimiento. Al mezclar chistes malos con análisis partidista, desactiva las críticas. «¿Pero no ves que es humor?», te dicen. Sí, el humor de quien se ríe con el jefe.
  2. Ha secuestrado el concepto de «servicio público». En su boca, servir al público no es darles información plural, es protegerles de las «mentiras» de la oposición. El paternalismo como coartada.
  3. Ha creado una red de inmunidad. Cualquier crítica a su trabajo es inmediatamente enmarcada como un «ataque de la derecha» o «fascismo». Así, el debate sobre su falta de rigor se convierte en un combate político donde él siempre sale como víctima y paladín.

El resultado es un paisaje mediático donde la televisión pública, ese bien común que debería ser un símbolo de integración, funciona como el brazo audiovisual de un partido. Y en el centro del escenario, Cintora, con su sonrisa de satisfacción, presentando no un programa, sino su masterclass definitiva en cómo traicionar los principios de una profesión a cambio de un contrato millonario y un asiento en el salón del poder.

Jesús Cintora no ha hecho un programa de televisión. Ha perpetrado un atraco a la credibilidad de lo público a plena luz del día. Y lo peor es que, ante la falta de vergüenza, la audiencia y gran parte de la profesión miran para otro lado, anestesiados por los números de share y la comodidad de que alguien les diga exactamente lo que quieren oír. Es el triunfo del relato sobre la realidad, financiado con cargo a los presupuestos generales del Estado. Una obra maestra de la degeneración democrática.

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