Un reportaje sobre el asesinato del subinspector de policía en Pamplona y la búsqueda de respuestas de una familia rota.
«Mi padre se fue al cielo», le dijeron cuando era una niña que pasó «media infancia mirando al cielo». Cuatro décadas después, Ana Torrente, exdirectora de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, rompe su silencio para contar una historia marcada no solo por la pérdida, sino por la ausencia persistente de la verdad sobre los últimos minutos de la vida de su padre .
El día que todo se detuvo: 7 de junio de 1984
Era la tarde del jueves 7 de junio de 1984. Diego Torrente Reverte, subinspector de la Policía Nacional de 30 años, natural de Puerto Lumbreras (Murcia), se encontraba en una zona de aparcamiento cerca del estadio de fútbol de El Sadar, en Pamplona. Allí, fuera de servicio, lavaba su coche familiar. Lo quería tener listo para un evento trascendental: la comunión de sus tres hijos pequeños, que se celebraría unos días después .
Sobre las ocho o nueve de la noche, dos hombres se le acercaron. Según la versión que años después darían los propios miembros de ETA, la intención inicial era robarle el vehículo, sin saber que su dueño era un agente de policía . El momento del encuentro se tiñe de confusión y versiones cruzadas que, 40 años después, su familia aún no ha logrado aclarar.
Un forcejeo y disparos: las versiones encontradas
Los relatos sobre lo que sucedió inmediatamente después divergen profundamente, creando un agujero negro en la memoria de la familia:
- Versión de los terroristas: Los etarras declararon que Diego Torrente se identificó como policía y se produjo un forcejeo. En la lucha, uno de ellos logró sacar una pistola. En algún momento del forcejeo, el subinspector, que iba desarmado, logró que el cargador del arma cayera al suelo. Fue entonces cuando el segundo terrorista disparó .
- Testimonios contradictorios: Otros testigos del lugar presentaron versiones radicalmente distintas. Uno afirmó que los etarras dispararon sin ni siquiera bajarse de su propio coche. Otro aseguró haber visto llegar a los terroristas, dejar «un paquete voluminoso» en el suelo y huir; al acercarse, descubrió que era un cadáver .
- Una investigación deficiente: La familia denuncia una «falta de diligencia absoluta» en la investigación. Ana Torrente, jurista de profesión, accedió al sumario en 2014 y se llevó un «shock». «Casi nada de lo que pensábamos era así», afirma. El expediente está plagado de contradicciones, como la descripción del vehículo de Diego Torrente, que en un documento aparece con las llaves puestas y en otro no .
El resultado final, sin embargo, es inequívoco. Diego Torrente recibió al menos dos impactos de bala y murió en el acto . Los autores materiales pertenecían al comando Mendaur de ETA: Enrique Labay Machín, José Ignacio Urdiain Ciriza y Joaquín Sancho Biurrun. Los tres fueron condenados a 27 años de prisión .
Las otras víctimas: una familia destrozada
La onda expansiva del atentado alcanzó de lleno a una joven familia que, en un instante, quedó deshecha.
- Ana Martínez, la viuda de 29 años: Recibió la noticia poco después del crimen, primero por una sospechosa llamada telefónica de una mujer que decía ser de un periódico, y luego confirmada por compañeros de su marido. Con solo 29 años, se quedó viuda con tres hijos a su cargo. Entró en una «profunda depresión» pero rechazó ser internada para poder cuidar de sus hijos. «Ha sido una madre coraje», reconoce su hija Ana. Con una pensión mínima y sin apenas ayudas, comenzó a limpiar casas para sacar adelante a la familia .
- Los hijos: Diego (10 años), Andrés (8) y Ana (3): La mayor, Ana, tenía solo tres años. Su recuerdo más vívido del padre es construido a partir de los relatos de su madre y hermanos. Su hermano Andrés, por ejemplo, conserva grabado «hasta el olor de la tortilla de patata que estaba haciendo mi madre aquella noche» . Decidieron mudarse de Pamplona para siempre, estableciéndose en Murcia capital para respetar los deseos que Diego había expresado en vida sobre la educación de sus hijos .
- Un vacío y un ritual: La infancia de los hermanos Torrente quedó marcada por la ausencia, con pocas fotos de esa época. Para mantener vivo el recuerdo, los tres hermanos tienen un ritual inquebrantable: cada 7 de junio se reúnen para brindar en memoria de su padre .
El contexto: 1984, un año sangriento en Pamplona
El asesinato de Diego Torrente no fue un hecho aislado. Formó parte de una sangrienta campaña de ETA en la capital navarra durante 1984. Ese mismo año, la banda terrorista asesinó en Pamplona a otras cuatro personas :
- Jesús Alcocer Jiménez (13 de abril): Comandante del Ejército retirado, tiroteado en Mercairuña.
- Juan José Visiedo y Tomás Palacín (13 de abril): Agentes de Policía Nacional, muertos por la explosión de un coche-trampa colocado por los terroristas tras el asesinato de Alcocer.
- José Luis Ollo Ochoa (27 de mayo): Capitán de la Guardia Civil, asesinado con una bomba-lapa junto a su domicilio.
En un homenaje celebrado en 2009, se recordó a estas cinco víctimas como «servidores públicos con quienes tenemos una gran deuda» que «defendieron nuestras libertades» .
La memoria persistente: homenajes y placas
El paso del tiempo no ha borrado el nombre de Diego Torrente. Su memoria se ha institucionalizado en varios actos de reconocimiento:
- Placa en Pamplona (2021): El Ayuntamiento de Pamplona colocó una placa en el lugar del atentado, hoy integrado en el campus de la Universidad Pública de Navarra. En el acto, Ana Torrente destacó que aquel lugar, antes un descampado, es ahora un espacio de formación, y que «más importante que la enseñanza académica es la de los valores» .
- Homenaje en Zizur Mayor (2018): El municipio donde residía la familia colocó una placa en su ayuntamiento en recuerdo de Diego Torrente y otros dos vecinos policías nacionales asesinados por ETA. El alcalde, Jon Gondán, afirmó que «las instituciones tenemos una deuda con las víctimas del terrorismo» .
- Plaza en Puerto Lumbreras (2005): Su localidad natal dio su nombre a una plaza, un gesto de recuerdo en su tierra de origen .
La lucha por la verdad: «Todavía no sabemos ni cómo le mataron»
Cuatro décadas después, la herida más profunda para la familia Torrente no es solo la pérdida, sino la incertidumbre. El título del reportaje de su hija Ana lo dice todo: «Todavía no sabemos ni cómo le mataron» .
- La necesidad de saber: En 2014, Ana, movida por esa necesidad, accedió al sumario. Lo que encontró fue desolador: un cúmulo de contradicciones y una investigación que considera defectuosa. La familia incluso llevó a los tribunales «el procedimiento anormal de la justicia», sin éxito .
- Búsqueda infructuosa: Hace poco, Ana y uno de sus hermanos viajaron a Pamplona para intentar hablar con los testigos originales. No lograron aclarar nada. «Es muy duro no saber qué pasó en sus últimos minutos», confiesa. «Hace falta al menos saber qué ocurrió. Y no sabemos nada» .
Este reportaje se escribe cuando se cumplen 40 años de aquel día de junio. La historia de Diego Torrente Reverte es la de un hombre que murió defendiendo su vida en un descampado de Pamplona. Pero es también, y sobre todo, la historia de una familia que sobrevivió al dolor, se reconstruyó con un esfuerzo sobrehumano y mantiene, cuatro décadas después, una lucha serena pero tenaz por el bien más preciado y esquivo después de la vida misma: la verdad.









