Del «No es No» al «Sí a Todo»: Crónica del Cálculo que Agotó la Credibilidad y Entregó España a la Parálisis y al Miedo
En la teología política de Pedro Sánchez existe una figura retórica sagrada: la «rectificación». Un término que, en el santoral de La Moncloa, ha sido elevado a la categoría de virtud suprema del estadista. Al presidente no le gusta que le llamen mentiroso. Él prefiere definirse como un «rectificador», un hombre cuya grandeza reside, precisamente, en su capacidad para decir hoy lo contrario de lo que juró ayer, siempre, eso sí, «por el bien de España». Compara sus idas y venidas con las de Adolfo Suárez legalizando el PCE o las de Felipe González entrando en la OTAN. La historia, sugiere, absolverá a los pragmáticos, a los que saben que en política la única coherencia es la supervivencia.
El problema es que este virtuosismo del giro copernicano tiene un precio, y en 2025 la factura ha llegado a las urnas y a la propia estabilidad de su Gobierno. Lo que se vendió como agilidad táctica se ha revelado como la arquitectura de un castillo de naipes, sostenido por alianzas contra natura y la cada vez más frágil fe de unos socios que empiezan a ver el abismo bajo sus pies.
La Metamorfosis Estratégica: De las Trincheras Morales a los Pactos «Ignominiosos»
La obra maestra de Sánchez fue la transubstanciación de principios en moneda de cambio. El hombre que en 2015 sentenció «con Bildu no vamos a pactar» para terminar por construir su poder precisamente sobre el apoyo de fuerzas independentistas y nacionalistas. Para figuras históricas del PSOE como Nicolás Redondo Terreros, esto no es pragmatismo, sino una «claudicación vergonzosa» aceptada por una dirección socialista sumisa, «sin debate interno y a costa de la historia y los principios del partido».
Este cálculo, sin embargo, es un juego de equilibrista. Su socio clave, Junts, le ha bloqueado sistemáticamente en el Congreso desde noviembre, tachando de «incumplidos» los compromisos con Cataluña y dejando al Gobierno en una parálisis legislativa casi absoluta. Para sacar adelante cualquier ley, Sánchez ha tenido que «sudar la camiseta» y buscar acuerdos «hasta de debajo de las piedras», como él mismo reconoció . La paradoja es cruel: el presidente que se reinventó para pactar con todos, ahora depende del beneplácito de uno, Carles Puigdemont, cuyo regreso a España se ha convertido en la llave de la gobernabilidad.
El Coste de la «Rectificación»: Desgaste, Descrédito y Desbandada
La estrategia ha pasado una factura demoledora, visible en tres frentes:
- El Desmoronamiento Electoral: La Sombra de Vox. La derrota en Extremadura no fue un tropiezo, sino un terremoto. El PSOE perdió su feudo histórico, arrasado por un PP fortalecido y un Vox «crecido». Para Redondo Terreros, este resultado es responsabilidad directa de Sánchez, y augura un «efecto dominó» en otras comunidades . Lo más irónico de todo es el análisis del histórico socialista: Sánchez observa el ascenso de Vox «con atención» porque, en su cálculo, ese monstruo de la ultraderecha es en realidad su «salvavidas» electoral nacional. El miedo a Abascal sería, en esta lógica perversa, el último argumento para retener a un electorado progresista desencantado.
- La Crisis de Credibilidad: La «Burbuja» Explota. Sánchez ha culpado a los medios de crear una «burbuja sanchista» para no hablar de sus logros. Pero la burbuja que realmente ha estallado es la de la confianza. Los casos de corrupción (Koldo, Cerdán, Ábalos) no han sido meros escándalos ajenos, sino una crisis que «afecta directamente» al presidente, quien defendió hasta el último momento a su secretario de organización, Santos Cerdán, antes de tener que destituirlo . La investigación policial que entró en Ferraz y en el Ministerio de Transportes sumió al PSOE en una «angustia» tratando de «fingir normalidad cuando todo a su alrededor se desmoronaba» . La imagen de un partido que llegó al poder denunciando la corrupción del PP, ahora «acorralado» por sus propias tramas, es el mayor fracaso de su relato regenerador.
- El Aislamiento Político: Sin Amigos a la Izquierda. La izquierda ya no le cree. Sumar tacha su actitud de «huida hacia adelante» y de «negación de la realidad», instalado en la «parálisis» y el «inmovilismo». Podemos fue más allá, calificando una de sus comparecencias de «absolutamente infame» y acusándole de tender una «alfombra roja» a la derecha . Hasta sus socios de gobierno, como la vicepresidenta Yolanda Díaz, exigen un «reinicio» y un «giro de 180 grados», señalando que las disculpas por la corrupción son «claramente insuficientes».
El Reino de la Palabra Volátil
Pedro Sánchez construyó un imperio sobre la volatilidad de su palabra. Cambió «no» por «sí» con una facilidad pasmosa, convencido de que la grandeza de un líder se mide por su capacidad para desmentirse a sí mismo. Pero en 2025, la física política ha hecho acto de presencia: toda acción genera una reacción igual y contraria.
La «rectificación» constante ha erosionado los cimientos de su autoridad. Ha alienado a su base, ha convertido a sus socios en carceleros de su mayoría y ha entregado sus bastiones históricos a la oposición. Ahora, un presidente que se jactaba de su astucia negociadora se encuentra «con la lengua fuera», luchando por mantener a flote un proyecto que depende de la voluntad de quienes más le cuestionan.
Quizás la mayor ironía sea que el hombre que reescribía su pasado a cada paso, se encuentra ahora atrapado en un presente que él mismo diseñó: un laberinto de pactos inestables y promesas rotas, donde la única salida parece ser seguir rectificando, una y otra vez, hasta que ni siquiera sus más fieles sepan qué creer. El «sanchismo» no ha sido derrotado por un enemigo externo; está siendo devorado por la lógica de la mutación perpetua que él mismo consagró. Y en ese proceso, algo más que un proyecto político se desvanece: la ya de por sí escasa fe en que la palabra de un gobernante valga algo.









