Un opositor venezolano desvela presiones familiares mientras el expresidente es agasajado por el chavismo
La reciente liberación de presos políticos en Venezuela, anunciada como un «gesto unilateral de paz» por el chavismo, ha devuelto al centro del debate la controvertida figura del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Agradecido públicamente por el régimen como facilitador de excarcelaciones, su labor es denunciada por víctimas directas que lo acusan de silenciar torturas y hacer negocio con el sufrimiento venezolano.
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Agradecimientos chavistas y una acusación explosiva
Este jueves, Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta interina Delcy Rodríguez y presidente de la Asamblea Nacional venezolana, anunció la excarcelación de un «número importante» de presos políticos, entre ellos varios ciudadanos españoles. En su discurso, dedicó un agradecimiento explícito a José Luis Rodríguez Zapatero, a quien atribuyó trabajar «desde hace diez años» por la «convivencia nacional» en Venezuela.
Horas después, desde España, Lorent Saleh —activista opositor, ex preso político y Premio Sájarov 2017— lanzaba una grave acusación contra el expresidente español. En redes sociales y entrevistas en Onda Cero y Telemadrid, Saleh reveló que, durante su reclusión en «La Tumba» —una de las cárceles más temidas del chavismo—, Zapatero presionó a su madre para que dejara de denunciar públicamente las torturas que sufría.
«Cuando me tenían encerrado en la Tumba, él presionó a mi madre para que dejara de denunciar las torturas. Tuvo el descaro de llamarla y regañarla porque mi mamá denunciaba lo que pasaba en El Helicoide», declaró Saleh, quien pasó cuatro años en prisiones venezolanas antes de ser liberado y expulsado a España en 2018.
Saleh, cuya voz aparece marcada por la experiencia, no duda en calificar a Zapatero de «maldito» y asegura que «se ha burlado siempre de los presos políticos», haciendo de la «tragedia y el sufrimiento en Venezuela un negocio».
El papel ambiguo de un mediador privilegiado
Zapatero inició su implicación en Venezuela en 2015, integrado en un grupo de expresidentes a petición de la oposición venezolana. Su papel se consolidó como observador en elecciones controvertidas y como facilitador en la liberación de algunos opositores, como Leopoldo López. Este historial es citado por el Gobierno español, que «reconoce y valora» su labor, aunque aclara que no actúa en nombre de España.
Sin embargo, su estrecha relación con la cúpula chavista —con múltiples reuniones con Nicolás Maduro y contactos frecuentes con Delcy Rodríguez— siempre ha generado suspicacias. La oposición venezolana ve el reciente agradecimiento de Jorge Rodríguez como un intento de «lavarle la cara» en un momento crítico, subrayando que la orden real de liberación provendría de la presión de Estados Unidos tras la captura de Maduro.
La revelación de Saleh añade una capa de profunda controversia a este perfil de mediador. Describe un patrón donde la interlocución privilegiada con el régimen podría haber llegado a sacrificar la denuncia de violaciones de derechos humanos fundamentales.
«¿Ustedes conocen un venezolano que hable bien de Zapatero?», se pregunta retóricamente Saleh, sugiriendo que su aprobación solo existe en la cúpula gobernante.
Un escenario político en máxima tensión
Las acusaciones surgen en un momento de extrema volatilidad en Venezuela. Tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos el 3 de enero, el chavismo, ahora liderado por Delcy Rodríguez, intenta maniobrar entre concesiones y la preservación de poder.
La liberación de presos, incluyendo españoles como el canario Miguel Moreno Dapena y los vascos Andrés Martínez Adasme y José María Basoa, es vista como un gesto hacia la comunidad internacional y, especialmente, hacia la administración estadounidense.
Mientras, la oposición venezolana legítima —encabezada por María Corina Machado y Edmundo González— observa con desconcierto cómo Washington parece priorizar en este instante la estabilidad y el control petrolero sobre una transición democrática inmediata, manteniendo a una figura del chavismo duro al frente.
En este tablero, la figura de Zapatero se balancea entre dos narrativas irreconciliables: la del mediador eficaz celebrado por lograr liberaciones, y la del colaborador acusado de silenciar a las víctimas para mantener su acceso al poder. Su labor, lejos de ser vista como neutral, parece inseparable de las sombras que proyecta el régimen con el que ha tratado durante una década.
La Audiencia Nacional española mantiene abierta una investigación sobre sus actividades en Venezuela, un procedimiento que podría adquirir nuevos matices tras los testimonios de víctimas como Lorent Saleh. La historia, por ahora, sigue escribiéndose entre gestos de paz anunciados a los micrófonos y oscuras presiones relatadas en voz baja.









