La película de Francis Veber narraba la historia de un grupo de amigos que se reunía a cenar para burlarse del idiota que lograban llevar. El que invitaba al más extraordinario ganaba. En la versión española, estrenada en Canarias con actores locales, la cosa cambia ligeramente: el premio no es una cena, sino un jugoso contrato de 7 millones de euros. Y el idiota, al final, parece que no era tan idiota.
En la célebre comedia francesa La cena de los idiotas, el editor Pierre Brochant buscaba con ahínco al «idiota integral» para regocijo de sus amigos y así ganar una apuesta. Soñaba con un ejemplar único, un ser tan puro en su estupidez que fuera la burla de la velada. Lo que Brochant no sabía es que su particular «joya», François Pignon, un humilde funcionario del Ministerio de Finanzas con una peligrosa pasión por las maquetas de cerillas, resultaría ser un gafe de tal calibre que le haría la vida imposible .
España, siempre tan dada a las adaptaciones, ha decidido hacer la suya propia. Pero no en el cine, sino en la política real. Y el reparto no puede ser más prometedor.
Los nuevos «Sinvergüenzas» y su «Idiota»
En el papel de Pierre Brochant, el anfitrión con ínfulas, tenemos a Ángel Víctor Torres, actual ministro y por entonces presidente de Canarias. Como en el filme, Torres abrió las puertas de su domicilio en Las Palmas para una cena muy exclusiva. El motivo, según los cánones de la película, era encontrar a un «idiota» al que invitar, aunque en esta versión el concepto de «idiota» parece haber mutado hacia «constructor con una calculadora muy creativa».
El encargado de hacer de «cazatalentos» fue el inefable Koldo García, ex hombre de confianza de José Luis Ábalos y una suerte de amigo entrometido que promete el oro y el moro. Como en el filme, Koldo se presenta con su candidato: «Voy con mi amigo. Quiero verte y estaré una noche», avisaba por WhatsApp a Jorge González, secretario de Organización del PSOE canario, cual si de un empresario con una oferta irresistible se tratara .
Y entonces aparece nuestro François Pignon particular, aunque con una pasión muy distinta a las cerillas. Se trata del constructor José Ruz, dueño de Levantina. Un hombre de gustos sencillos, al parecer, pues lo único que le iba era embolsarse 7 millones de euros con una obra para la que, curiosamente, ya tenía toda la información antes incluso de que se licitara. Según los whatsapps secretos a los que ha accedido EL ESPAÑOL, el bueno de Ruz ya había enviado a Koldo los detalles del contrato antes de la célebre cena. Una premonición digna de un vidente .
El Gafe Integral: Cuando el Idiota la lía Parda
En la película, el pobre Pignon, con su aire de funcionario chupatintas, desencadena un cataclismo: una lumbalgia en Brochant, la fuga de su mujer, la visita de un inspector de Hacienda y un sinfín de desastres. Pero lo hace sin maldad, por su torpeza innata.
Nuestro constructor Ruz, en cambio, es un Pignon a la española: más listo de lo que parece. La cena en casa de Torres, cuatro días antes de que se licitara la obra, no fue un simple acto social. Fue el preludio de un milagro económico. La empresa de Ruz se presentó al concurso y, ¡oh, casualidad!, ganó a pesar de presentar la peor oferta económica. La magia de la «valoración subjetiva» del proyecto, hinchada hasta límites insospechados según investiga la UCO, hizo el resto .
Aquí es donde el sainete supera a la ficción. Porque, mientras el Pignon de Villeret solo quería mostrar sus maquetas, el Pignon de Levantina lo que quería era mostrar su contrato. Y mientras Brochant intentaba desesperadamente ocultar sus trapicheos, nuestros protagonistas los dejaron todo por escrito, en whatsapps, para que la UCO y los periodistas lo encontraran calentito. Eso sí que es un Pignon, o más bien, un «gafe» en toda regla para los intereses de la trama.
El Idiota (Moral) Eres Tú
La moraleja de la película francesa es que al final, los verdaderos idiotas no son los invitados, sino los anfitriones, esos seres de vida vacía y burguesa que necesitan reírse de otros para sentirse superiores .
En esta versión canaria, la moraleja parece ser otra: los anfitriones (Torres, Koldo y compañía) creyeron haber invitado a un idiota útil que les daría suculentos beneficios. Pero el verdadero idiota, el que ahora se enfrenta a la UCO, a los titulares y al escarnio público, resulta ser el que cenaba en su casa.
El Pignon de la función, el constructor Ruz, se llevó los 7 millones, pero dejó tras de sí un reguero de pruebas y un estropicio político de primera. Como en la película, la velada se convirtió en una pesadilla. Solo que aquí, el lumbago no es lo que duele. Duele más la factura de 7 millones que los canarios, y el resto de españoles, pagaremos con gusto mientras los actores de esta comedia intentan explicar cómo el «idiota» de la cena se convirtió en el dueño de la función.









