El manual del perfecto regenerador democrático
(O cómo pasar de prometer limpieza a necesitar una flota de fregonas en solo ocho años)
Edición especial: la que sus señorías no querrán ver en las librerías

ADVERTENCIA AL LECTOR
otros excompañeros de partido. Eso sí, que no se le olvide llevar el libro forrado, no vaya a mancharse con las huellas de la desmemoria.
Si usted es el lector medio, ese ciudadano que paga sus facturas, espera el autobús y sospecha que la política es un teatrillo donde unos pocos se reparten el pastel mientras otros miran con la mano extendida, bienvenido al viaje. Abróchese el cinturón, ajuste la mascarilla de oxígeno por si acaso y mantenga los prejuicios a mano. Va a necesitar algo más fuerte que la fe en la regeneración democrática. Algo tipo un escepticismo bien curado, mucha paciencia y, quizá, un diccionario de eufemismos para traducir «fortalecimiento institucional» por «tapar el sol con un dedo». Que comience el espectáculo.









