El velo de la hipocresía: Mientras Irán asesina mujeres, la progresía prefiere mirar hacia otro lado

Mar 7, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 El velo de la hipocresía: Mientras Irán asesina mujeres, la progresía prefiere mirar hacia otro lado

En este 8M, Día Internacional de la Mujer, las calles de Irán vuelven a teñirse de sangre y represión. Sin embargo, aquí en Occidente, quienes se llenan la boca con el feminismo y los derechos humanos callan cómplice o, peor aún, justifican la inacción. Hablamos de Irene Montero, Ione Belarra, Isa Serra las chupocteras de las desgracias ajenas y ese sector de la izquierda que sólo defiende a las mujeres cuando les sale electoralmente rentable. Cuando Estados Unidos lanza una operación para derrocar a un régimen que fusila y apalea a mujeres, ellas responden con eslóganes antiimperialistas de los años 70. ¿De qué lado están? La historia, y las mujeres iraníes, se lo cobrarán.

El infierno de ser mujer bajo los ayatolás

Mientras aquí debatimos sobre leyes del «solo sí es sí», en Irán las mujeres son perseguidad como alimañas. El último informe de la Misión Internacional Independiente de Investigación de la ONU, publicado esta misma semana, pinta una panorama dantesco que debería helar la sangre a cualquier persona con un mínimo de conciencia .

El régimen de los ayatolás ha desatado una cacería humana con tecnología punta. Drones de vigilancia aérea sobrevuelan las ciudades para cazar a mujeres que no lleven correctamente el velo. Cámaras con reconocimiento facial en las universidades detectan infractoras. Pero lo más siniestro es la aplicación móvil Nazer, lanzada por la propia policía iraní, que convierte a la sociedad en un gigantesco soplón. Cualquier ciudadano puede fotografiar la matrícula de un coche donde viaje una mujer «mal cubierta» y denunciarla. Automáticamente, la dueña del vehículo recibe un mensaje de texto advirtiéndole que su coche será incautado .

Las consecuencias de esta tecnología del terror son mortales. El informe de la ONU documenta el caso de una mujer que, en julio de 2024, recibió uno de esos mensajes. Al huir de un control policial aterrada, los agentes le dispararon y la paralizaron de por vida .

Esto no es un caso aislado. Desde la muerte de Mahsa Amini en 2022, el régimen ha redoblado su apuesta. El llamado «Plan Noor» (Luz) ha supuesto el arresto de al menos 618 mujeres sólo en 2024 . Y si la cárcel no es suficiente, está la horca. Según datos de Naciones Unidas, Irán ejecutó al menos a 938 personas el año pasado, muchas de ellas bajo la acusación de «guerra contra Dios» por participar en protestas. El objetivo es claro: aterrorizar a la población hasta que deje de soñar con la libertad .

Pero las cifras macro no deben hacernos olvidar el horror individual. En enero de este mismo año, durante las protestas masivas desatadas por la crisis económica y la represión, la violencia del régimen alcanzó cotas de barbarie. Organizaciones de derechos humanos con sede en Noruega (IHR) elevan la cifra de muertos en aquellas jornadas a más de 2.000 personas . Miles de mujeres, encabezando las revueltas, quemando fotos del líder supremo como gesto de desafío, saben que se juegan la vida. Como aquella activista que en noviembre de 2024 apareció muerta en extrañas circunstancias tras publicar un vídeo quemando una foto de Jamenei .

Y mientras tanto, la comunidad internacional, con la UE a la cabeza, se llena la boca con «preocupación».

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Cuando defender a las mujeres significa condenar al enemigo de tu amigo

Ante este panorama de terrorismo de Estado, la respuesta de Estados Unidos e Israel han sido los bombardeos selectivos contra la cúpula militar y política del régimen. Una acción militar que, como todas, es discutible y conlleva riesgos de daños colaterales, como el trágico bombardeo sobre una escuela de niñas que ha causado decenas de víctimas, aún bajo investigación .

Sin embargo, la reacción de cierta izquierda no ha sido la de matizar, sino la de condenar con la misma vehemencia con la que nunca condenaron a los ayatolás. Ahí es donde entra la doble moral de Podemos.

Irene Montero, azote del feminismo mediático y ex ministra, no ha tardado en posicionarse. Pero no para defender a las mujeres iraníes, sino para atacar a quien bombardea a sus verdugos. En declaraciones recientes, Montero afirmaba: «Si de verdad os importan los derechos de las mujeres en cualquier parte del mundo, empezad a parar las bombas» . En su discurso, acusa a quienes señalan a Irán de ser «la misma Europa que se arrodilla ante Donald Trump» y de usar a las mujeres para justificar «los crímenes de Trump» .

¿De verdad, Irene? ¿El problema es que «paren las bombas» y no que paren los drones que vigilan a las mujeres? ¿Acaso los misiles de EE.UU. son peores que las cuerdas con las que ahorcan a sindicalistas?

La abogada y feminista Nuria González, presidenta de la asociación L’Escola, lo dejaba claro en una reciente entrevista al ser preguntada por el feminismo de Montero: «El de Irene Montero nunca ha sido feminismo. Feminismo solo es uno, el que lucha por la liberación de las mujeres y por sus derechos» . González relataba cómo, mientras el Gobierno se llena la boca con derechos humanos, hicieron oídos sordos a un SOS para salvar de la horca a tres sindicalistas iraníes. «Escribimos a la ONU, a embajadores, a todo el mundo. Nadie nos contestó. Aquí del Gobierno tampoco», denunciaba .

La defensa de boquilla

Este es el núcleo de la hipocresía. Isa Serra e Irene Montero son especialistas en enarbolar la bandera del derecho internacional y la paz cuando el que ataca es Estados Unidos, pero jamás movilizaron a sus bases cuando se trataba de aplicar sanciones efectivas o romper lazos diplomáticos con el régimen que oprime a esas mujeres.

La propia Montero lo dejó escrito en una de sus perlas dialécticas: «muchos de los que de repente gritan por los derechos de las mujeres en Irán son los mismos que llaman locas, feminazis, mentirosas a las mujeres europeas» . Un giro retórico para desviar la atención. Porque la cuestión no es quién critica a las europeas, sino quién está dispuesto a actuar para salvar a las iraníes.

Y la respuesta es: nadie de esa facción política.

Ellos prefieren ver a las mujeres como un símbolo, como una bandera de lucha contra el imperialismo, antes que como seres humanos con derechos. Porque si realmente les importara la suerte de esas mujeres, aplaudirían cualquier acción que acabara con sus verdugos, viniera de quien viniera. O al menos, exigirían al régimen iraní el cumplimiento de los derechos humanos con la misma saña con la que exigen el cese de los bombardeos.

Pero no. Prefieren el «buenismo» estéril. Prefieren desmarcarse de cualquier acción contundente por venir de «la derecha internacional». Mientras tanto, en Irán, una mujer es apaleada en una calle de Teherán por llevar el hiyab mal puesto, otra es violada sistemáticamente en una prisión de Evin por el delito de querer estudiar, y una tercera espera su turno en la horca.

Este 8 de marzo, no nos confundamos. Cuando Irene Montero o Isa Serra hablen de feminismo, recordémosles los nombres de esas mujeres. Y preguntémosles sin tapujos: ¿Dónde está vuestra condena al régimen de los ayatolás? ¿Dónde está vuestra petición de intervención internacional para salvarlas? ¿O acaso preferís un feminismo que conviva con el verdugo con tal de no mancharse con el pecado original de apoyar a Estados Unidos?

La historia, y las mujeres de Irán, les juzgarán. Y no saldrán bien paradas.

 

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