Pero lo que debería ser un merecido descanso tras toda una vida dedicada a la medicina legal, se ha convertido en un quebradero de cabeza para la isla y en un trago amargo para un hombre que asegura sentirse «en plenas condiciones» para seguir trabajando.
Porque Modesto no se jubila porque quiera. Lo hace
porque la ley le obliga a dejar su puesto a mediados de mayo, al cumplir los 70 años. Y su partida deja a El Hierro en una situación crítica: sin forense titular en una isla que, especialmente ante el fenómeno migratorio, necesita de profesionales de su experiencia y temple.
El reconocimiento de una isla
«Esta placa no es solo un adiós, es un gracias», señaló Carlos Brito durante el acto. El alcalde quiso destacar «la trayectoria profesional de compromiso y servicio» de Martínez Piñeiro, haciendo hincapié en su labor callada pero esencial, especialmente en los momentos más difíciles que ha atravesado la isla en materia humanitaria.
Modesto recibió el homenaje con la modestia que le caracteriza. Natural de Madrid, pero isleño de corazón desde que llegó a Tenerife recién casado a principios de los años 80 tras sacar las oposiciones, ha sido el testigo silencioso de la vida y la muerte primero en Granadilla (Tenerife) y después en esta pequeña isla volcánica.
Un apellido grabado en la historia de España
Lo que muchos desconocen es que detrás de la bata blanca de este forense rural se esconde una de las ramas genealógicas más singulares de la medicina legal española. Modesto Martínez Piñeiro Muñoz es nieto de Modesto Martínez-Piñeiro Vargas, el forense jefe que preparó el cadáver del dictador Francisco Franco, e hijo de quien hizo lo propio con Carmen Polo, su esposa.
Un legado familiar que él lleva con naturalidad, pero que matiza con una anécdota cargada de ternura y vocación. «Mi abuelo fue mi preparador para las oposiciones cuando ya tenía 83 años, y antes, mi profesor particular de Anatomía», recordaba en conversaciones previas al acto. Aquel anciano sabio que trabajó con la historia helada de un dictador, dedicó sus últimos años a enseñar los secretos del cuerpo humano a su nieto, en una casa de Madrid, para que este pudiera forjar su propio camino.
Un futuro incierto
Ahora, ese camino se ve interrumpido por un expediente de jubilación que amenaza con dejar a la isla sin cobertura forense. «Me encuentro perfectamente», asegura Modesto, que vive con su mujer en El Hierro, el ultimo destino de sus 40 años al servicio de la medicina forense. Su marcha no solo supone la pérdida de un funcionario, sino la de un pilar humano en un territorio pequeño donde el forense es mucho más que un técnico: es un referente, un confidente en los peores momentos y un garante de justicia.
Mientras en el norte de la península se exhumaron los restos que su abuelo ayudó a conservar, en El Hierro se llora la jubilación de un hombre bueno. La placa que hoy recibió Modesto Martínez Piñeiro Muñoz no solo reconoce sus años de servicio; es un intento de la isla por aferrarse a un profesional cuya calidad humana, en palabras de los asistentes, ha sido siempre tan grande como su apellido es histórico.









