Sánchez clava el «NO A LA GUERRA» mientras su fragata surca el Mediterráneo
El presidente, que se define como paladín del feminismo y los derechos humanos, ordena desplegar el buque más letal de la Armada sin pasar por el Congreso. Mientras, su ministra Ana Redondo lo corona como «superhéroe de la paz» en un acto del 8-M. Que no, que no contaban con su astucia.
Hay quien todavía busca a Pedro Sánchez con una capa y un leotardo. La ministra de Igualdad, Ana Redondo, ya lo ha coronado: nuestro presidente es «un superhéroe de la paz» que representa «la civilización» menos la de Irán. Solo falta saber si su superpoder es esquivar al Congreso o multiplicar las contradicciones dialécticas a la velocidad de la luz. Porque mientras el héroe entona el «no a la guerra» con el puño en alto, la fragata Cristóbal Colón —lo más letal que flota en la Armada Española— navega a toda máquina hacia Chipre para defender a la isla de los drones iraníes .
Que no, que no contaban con su astucia.
El «Chapulín Colorado» de la Moncloa
Resulta que el líder del Ejecutivo ha encontrado la fórmula matemática de la cuadratura del círculo bélico: decir «no a la guerra» es compatible con enviar munición, escolta y defensa aérea a una zona en conflicto. Todo es cuestión de matices. «Tenemos la misma determinación en decir no a la guerra en Irán y en ser solidarios con un Estado miembro de la Unión Europea víctima de ese conflicto», explicó Sánchez con esa clarividencia que le caracteriza . Es decir, no a la guerra pero sí a todo lo demás.
Si el famoso superhéroe mexicano se caracterizaba por llegar siempre tarde y enredarlo todo, a Sánchez le ocurre más bien lo contrario: llega pronto, envía la fragata y luego ya explicará que en realidad es una misión feminista. Porque sí, hasta el envío del buque tiene perspectiva de género. En el acto del 8-M, la propia Redondo vinculó el pacifismo con la lucha de las mujeres: «El feminismo es pacifista» , sentenció entre aplausos, mientras los 200 militares a bordo de la Cristóbal Colón ajustaban sus sistemas antiaéreos . Una imagen para la posteridad: la fragata más avanzada tecnológicamente, con su blindaje y sus misiles, navegando en nombre de la sororidad.
El arte de no contar con el Congreso
Pero la astucia del superhéroe no termina ahí. El gobierno sostiene que el envío del buque no necesita autorización parlamentaria porque —atención al razonamiento— la misión no es nueva, es una «continuación» de unas maniobras de la OTAN en el Báltico que, casualmente, habían terminado el 20 de febrero, ocho días antes de que estallara la guerra . La propia Armada confirmó que el ejercicio había concluido y que la fragata inició su regreso a Ferrol. Pero como en las películas de superhéroes, cuando todo parece perdido, aparece la solución: a las 3.30 de la madrugada, alguien en Moncloa dio la orden de «municionar» el buque y cambiar el rumbo.
La Ley de Defensa Nacional de 2005, esa que aprobó Zapatero para que nunca más un presidente metiera a España en una guerra sin permiso del Parlamento, establece claramente que si una misión se hace «a petición expresa» de otro país y no responde a la defensa directa de España, hay que pedir autorización al Congreso . Pero Sánchez, que lleva ocho años esquivando la Cámara en casi 40 ocasiones, tiene superpoderes para esto.
«No a la guerra» pero mande, mande
Lo más exquisito del discurso presidencial es su capacidad para arrogarse la superioridad moral mientras toma decisiones que contradicen sus palabras. Sánchez se pasa los días acusando al PP de haber apoyado la guerra de Irak —aquello fue en 2003, cuando la política española tenía color en blanco y negro— y erigiéndose en adalid del multilateralismo y los derechos humanos. Pero cuando hay que proteger a un socio europeo que, por cierto, no ha invocado el artículo 42.7 del Tratado de la UE (la cláusula de defensa mutua), resulta que la fragata más grande sale disparada.
El discurso de la ministra Redondo en el acto del 8-M fue la guinda del pastel. Allí, entre reivindicaciones feministas y loas al presidente, proclamó que «las mujeres nunca deben ser coartada para lanzar guerras». Tiene toda la razón, que Irán siga matando a las mujeres porque no es su feminismo. Lástima que nadie le haya explicado que una fragata con capacidad de defensa aérea, desplegada en un escenario donde ya han caído misiles y drones, no es precisamente una ONG.
La paradoja chipriota
Lo mejor de todo es que el propio argumento del gobierno se convierte en una trampa letal. Si Sánchez admite que envía la fragata «a petición de Chipre», como hace, está reconociendo implícitamente que la misión no tiene que ver con la defensa nacional. Y entonces, querido superhéroe, la ley le obliga a pasar por el Congreso. Pero no, el presidente prefiere comparecer el 18 de marzo —cuando el barco lleve dos semanas en zona de guerra— para «informar», no para pedir permiso.
El PP, con esa sutileza que le caracteriza, ya ha pedido explicaciones. Cuca Gamarra lo resumió con precisión: «El Ejército no es suyo, es de todos los españoles» . Pero a Sánchez eso le da igual. Él vuela solo, como los superhéroes.
El trío de las Azores versión 2026
En sus discursos, el presidente repite hasta la saciedad que él no es como Aznar, que no es como Bush, que no es como esos malvados que nos metieron en Irak . Tiene razón. Aznar al menos tuvo el valor de ir al Congreso (tarde, pero fue). Sánchez, en cambio, ha perfeccionado el método: ahora podemos decir no a la guerra y participar en ella simultáneamente, como si fuéramos el gato de Schrödinger pero con fragatas.
Al final, uno no sabe si lo de «superhéroe de la paz» es un título honorífico, un diagnóstico psiquiátrico o simplemente la prueba de que en este gobierno el sentido del humor lo impregna todo. Mientras tanto, la Cristóbal Colón navega hacia Chipre. Que no, que no contaban con su astucia. Lástima que, como el Chapulín, a veces la astucia sirva para todo menos para ser coherente.
Y colorín colorado, este cuento de la guerra y la paz se ha escrito con un «no» que en realidad es un «sí, pero no lo digas».









