El primer asesino en serie de España
En el oscuro capítulo de la criminología española, emerge con particular brutalidad la figura de Juan Díaz de Garayo, más conocido por el siniestro apodo de «El Sacamantecas». Nacido en 1821 en la tranquila localidad alavesa de Eguílaz, este hombre de apariencia común ocultaba una naturaleza depravada que sembraría el terror en el País Vasco durante la década de 1870.
Una vida marcada por la muerte
Casado en cuatro ocasiones, Díaz de Garayo enviudó de tres de sus esposas, un detalle que en retrospectiva adquiere un significado siniestro. Lejos de ser un viudo afligido, la justicia y la historia lo reconocen como el primer violador y asesino en serie documentado en España, un macabro título que refleja la crudeza de sus crímenes.
Metodología de un depredador
El modus operandi de «El Sacamantecas» seguía un patrón escalofriantemente metódico: violación, estrangulamiento, mutilación y evisceración de sus víctimas. Confirmó al menos seis asesinatos de mujeres entre 13 y 55 años, aunque en su confesión reconoció haber intentado cometer estos crímenes en cuatro ocasiones más.
Sus víctimas pertenecían a distintos estratos sociales, pero compartían la vulnerabilidad:
- Prostitutas como Melitona la Valdegoviesa, Águeda la Riojana, María Campos o «la Morena», con quienes supuestamente no llegaba a un acuerdo en el precio de sus servicios
- Criadas como la joven Antonia, de apenas 13 años
- Molineras que accidentalmente cruzaban su camino
El escape que pudo cambiar todo
Uno de los episodios más significativos de esta historia criminal involucra a Ángela López de Armentia, apodada «la Molinera», quien logró escapar de las garras de Díaz y denunciarlo. Gracias a su valentía, el asesino fue detenido por primera vez y permaneció varios meses encarcelado.
Sin embargo, este arresto resultó ser solo un paréntesis en su carrera criminal. Una vez en libertad, «El Sacamantecas» reanudó su espiral de violencia con renovada ferocidad. Sus dos siguientes víctimas no tuvieron la fortuna de la Molinera: sus cuerpos fueron hallados brutalmente destripados, generando una ola de pánico colectivo que obligó a las autoridades a movilizarse para su captura definitiva.
Los últimos años entre rejas
Finalmente apresado, Díaz de Garayo esperó su ejecución durante dos años. Irónicamente, se dice que durante este periodo aprendió a leer, aunque su misoginia permaneció incólume. Continuó maltratando a su cuarta esposa, quien, a pesar de conocer su verdadera naturaleza, le llevaba ropa limpia a la prisión.
El 11 de mayo de 1881, Juan Díaz de Garayo fue ejecutado mediante garrote vil en Vitoria, ante más de 5.000 espectadores. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común, sin lápida que recordara su existencia.
El perfil psicológico del monstruo
Los informes forenses de la época lo describieron como una persona «idiota y ruin», movida exclusivamente por el instinto sexual. Los expertos modernos que han analizado su caso lo catalogarían como un sádico sexual, completamente carente de empatía y remordimientos.
El legado de «El Sacamantecas» permanece como un oscuro hito en la historia criminal española, un recordatorio de que la maldad humana trasciende épocas y fronteras, y que incluso en la aparente placidez de la España rural del siglo XIX podía esconderse la más abyecta brutalidad.









