El pueblo de Burgos que, para borrar a Mola, tendrá que cambiar también los apellidos de sus vecinos: «Ahora me llamo Óscargutan»

Mar 21, 2026

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El siguiente artículo es una obra de ficción satírica. Cualquier parecido con la realidad, la Ley de Memoria Democrática o la deriva sectaria de este gobierno sanchista es, paradójicamente, intencionado pero exagerado con fines humorísticos.

Alcocero de Mola inicia los trámites para eliminar el apellido del general franquista de su topónimo. Pero el alcalde, en un alarde de rigor histórico, ha anunciado que no se detendrá ahí: revisará el censo para que ningún vecino mantenga apellidos «vinculados al régimen». El municipio se prepara para un censo de nuevos habitantes con apellidos como Sanchinflas, Pablenina o Marichusma.

El pequeño municipio burgalés de Alcocero de Mola, uno de los seis pueblos de España que aún conservaban en su nombre una huella franquista, ha decidido poner fin a nueve décadas de historia. O, al menos, a la mitad de su historia. El pleno del Ayuntamiento, acogiéndose a la Ley de Memoria Democrática de 2022, ha aprobado por unanimidad eliminar el «de Mola» del topónimo local. A partir de ahora, el pueblo se llamará simplemente Alcocero, como si el general Emilio Mola —aquél del «quinto pino» y del «directorio militar»— nunca hubiera caído en paracaídas en un cerro cercano aquel 3 de junio de 1937.

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Pero lo que parecía un trámite burocrático sencillo —cambiar un letrero en la carretera y actualizar los sellos municipales— ha dado un giro inesperado. El alcalde, Juan Bautista Sagredo, de un pueblo de 500 habitantes que habla como si fueran 50.000, ha decidido que la limpieza histórica no puede quedarse a medias. Si el pueblo va a borrar a Mola de su nombre, ¿por qué iba a tolerar que sus vecinos sigan arrastrando apellidos que huelen a casco colonial y a parte de novios?

«He recibido muchas presiones», explicó Sagredo en una rueda de prensa celebrada en el salón de plenos, donde un retrato del Rey Felipe VI preside la estancia junto a una nevera de los años 80 que el Ayuntamiento usa para enfriar el agua de las comisiones. «Presiones de asociaciones de memoria histórica, claro, pero también presiones de mi propia conciencia. Porque no puedes quitarte a Mola del mapa si luego tienes a medio censo llamándose Queipo de Llano o Bahamonde. Eso sería hipocresía».

Ante la atenta mirada de los cuatro concejales y el secretario municipal, que tomaba notas mientras pensaba en la siesta, el alcalde desveló su plan: una comisión de expertos en onomástica revolucionaria revisará el padrón para identificar a cualquier vecino que porte apellidos «claramente vinculados a la sublevación militar, la dictadura o la extrema derecha». Y no se andará con chiquitas: los afectados estarán obligados a cambiarse el apellido por una lista de «nuevos apellidos más acordes con los valores democráticos y el sentir del gobierno actual».

La lista de los nuevos apellidos «democráticos»

Según el borrador al que ha tenido acceso este periódico, la lista de apellidos sustitutivos ha sido confeccionada por una asesoría externa contratada por el Ayuntamiento por 12.000 euros (más IVA). Para los varones, los nuevos apellidos propuestos son Sanchinflas, Óscargutan, Pepitogrillo y ManolitoGafotas. Para las mujeres, el catálogo incluye Pablenina, Marichusma, LoliTorbellino y FulanitaDeTal.

«Son apellidos que reflejan la pluralidad de este país», defendió el alcalde con gesto grave. «Sanchinflas, por ejemplo, evoca la figura del político honrado que no miente al pueblo. Óscargutan es un apellido con mucho carácter, muy de pueblo. Y Pablenina… bueno, Pablenina suena a mujer independiente, moderna, que va en moto y no le pide permiso a nadie para llegar sola y borracha a casa».

La noticia ha sentado como un jarro de agua fría en el municipio, donde apenas 500 personas están empadronadas en invierno y el resto se dispersa en verano como si el calor disolviera el compromiso histórico. Entre los primeros afectados se encuentra don Emiliano Mola Pérez, de 82 años, que para su desgracia no sólo vive en Alcocero de Mola sino que además se apellida Mola por partida doble: su padre era el Molinero y en recuerdo a él se lo acortarón, y su madre, una Mola de Cascajares. «O sea, que soy Mola al cuadrado», explica mientras muestra su DNI con manos temblorosas. «¿Y ahora qué? ¿Que me cambio el apellido? ¿A mis años? ¿Y a mi mujer, que es una Martínez de Arija, también le toca? Porque los Martínez, si rascamos, todos venimos de algún capitán de los Tercios».

El efecto dominó

La iniciativa ha abierto la veda en otros pueblos de la comarca. En Villafranca de Montes de Oca, el alcalde socialista ya ha anunciado que va a estudiar el censo para detectar apellidos «claramente alfonsinos». En Castrillo del Val, un concejal de Podemos ha propuesto directamente que todos los vecinos se llamen «Compañero» de primero, dejando el apellido para el final como un adorno. «Imagínate: Compañero Pérez. Suena bonito, ¿no?», declaró.

Mientras tanto, en Alcocero, la vecina Mariví Marichusma —antes Mariví Fernández— ya ha estrenado su nuevo nombre en el mercado semanal. «La verdad es que al principio me costó, pero ahora hasta me gusta. Suena a chica de pueblo pero con ideas claras como María Jesús Montero. Lo que no sé es cómo se lo tomará mi marido, que tenía que cambiarse a Óscargutan y dice que eso es nombre de matón de la prehistoria, no de labrador de Burgos».

El alcalde, por su parte, ha pedido tranquilidad y ha asegurado que el cambio de apellidos será «voluntario pero obligatorio», una paradoja que ha generado cierto malestar entre los vecinos más rebeldes. «Es como cuando te dicen que te subas al árbol voluntariamente pero si no lo haces te suben ellos», reflexiona el dueño del único bar del pueblo, que ha anunciado que se cambiará el nombre del establecimiento de Bar Mola a Bar Sanchinflas para no tener problemas con la inspección.

Mientras el boletín oficial publica la resolución, el pueblo aguarda con resignación. Pronto, en el kilómetro 247 de la N-1, el cartel que decía «Alcocero de Mola» será sustituido por otro que rezará simplemente «Alcocero». Aunque algunos vecinos proponen añadir un apellido nuevo en honor al alcalde: «Alcocero del Sagredo», para que nadie olvide quién fue el hombre que liberó a los burgaleses de sus apellidos.

«Eso ya sería pasarse», dice Sagredo mientras ordena los expedientes. «Yo solo soy un servidor público que cumple la ley. Y si la ley nos obliga a cambiar nuestra identidad, pues la cambiamos. Pero con humor, que de eso también va la memoria democrática».

Al cierre de esta edición, el Ministerio de Política Territorial no ha querido hacer comentarios sobre la iniciativa, aunque fuentes del Gobierno admiten entre murmullos que «esto no era exactamente lo que teníamos en mente cuando redactamos la ley». En Alcocero, mientras tanto, un grupo de vecinos se ha manifestado con pancartas caseras que rezan: «Yo no fui general, solo me llamo González». El alcalde ya estudia si el apellido González tiene alguna vinculación con el general Gonzalo Queipo de Llano. «Por si acaso», advierte. «Más vale prevenir que tener que rectificar después».

 

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