PSOE y Sumar inauguran su flamante herramienta contra el odio llamando «lamebotas» «ridicula» «desalmada» y que se fuera a «chupar botas a Mar-a-Lago» a Ayuso, y «lavadora vieja» a Feijóo y «señor de la guerra» a Aznar. Todo en 24 horas. Todo con la misma sonrisa de superioridad moral. Todo impune.
Pedro Sánchez presenta una herramienta pionera para meter en la cárcel a los que siembran odio en redes. En menos de 24 horas, sus filas han dado una exhibición de odio en sede parlamentaria que haría palidecer a un foro de supremacistas. Si esto es el día después, que alguien pare el contador antes de que pidan penas de muerte para el PP y Vox.
Lo que sigue es una obra maestra del cinismo, protagonizada por el mismo elenco que cada mañana nos explica qué debemos sentir, qué debemos decir y a quién debemos odiar. Porque eso sí: el odio legítimo es cosa suya.
El profeta del odio ajeno
El miércoles. Madrid. Pedro Sánchez, investido ya no sé si presidente o mesías de la decencia digital, se planta en el I Foro contra el Odio. Allí, con la solemnidad de quien va a firmar un tratado de paz, anuncia ‘Hodio’. Una herramienta, explica, para «controlar el odio» en redes. Habla de medidas ejemplares. Habla de penas de prisión. Habla de limpiar la esfera pública. Los asistentes aplauden emocionados. Nadie, absolutamente nadie, se atreve a preguntar: «¿Y quién vigila al vigilante, presidente?».
Error. No hizo falta preguntar. La respuesta llegó sola, y llegó aullando.
Espinar coge el micro y el Hodiómetro estalla
Jueves. Asamblea de Madrid. María del Mar Mesa Espinar, portavoz del grupo socialista, debió despertarse con una misión divina: demostrar que el ‘Hodiómetro’ de su jefe es tan útil como un cenicero en una moto. Y vaya si lo demostró.
Se levantó, miró a Isabel Díaz Ayuso y soltó una catarata dialéctica que haría sonrojar a un hincha radical en un campo de fútbol. «Ridícula, desalmada y lamebotas». Tres calificativos. Tres puñaladas. Tres muestras de que el odio, cuando lo practica la izquierda, no es odio: es «señalar al fascismo». Es «defender la república». Es, en definitiva, la patente de corso que otorga la superioridad moral.
Pero Espinar, que no es de medias tintas, vio que el ‘Hodiómetro’ aún respiraba. Así que decidió rematarlo. Agarró el aire, hinchó los pulmones y soltó la frase que merece ser enmarcada en el Museo de la Hipocresía Política:
«¡Váyase a chupar botas a Mar-a-Lago y quédese de una puñetera vez!»
Lean eso otra vez. «Chupar botas». «Mar-a-Lago». «Puñetera vez». Todo junto. Todo en sede parlamentaria. Todo con la ñ de ñorda política. Y todo, ojo al dato, dicho por la portavoz del partido que 24 horas antes aplaudía la creación de un medidor de odio que promete meter en la cárcel a la gente por menos de eso.
Uno se pregunta: ¿Dónde está el algoritmo de ‘Hodio’ cuando más se le necesita? ¿Estaba de huelga? ¿O es que los ingenieros de Moncloa aún no han programado la función «detectar odio cuando lo suelta un cargo de PSOE»? Porque si no, igual deberían actualizar el software. O mejor no, porque igual les explota el ordenador central.
Yolanda Díaz llega con la fregona y termina la faena
Y cuando creíamos que el ‘Hodiómetro’ ya estaba lo suficientemente destrozado, aparece Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda, esa misma que habla de cuidados, de ternura y de políticas amables, decidió que ella también quería su minuto de gloria en el campeonato de la bilis.
Dijo de Feijóo que «es como una lavadora vieja que tiene un único programa». Traducción para ‘Hodio’: comparar a un líder de la oposición con un electrodoméstico obsoleto. ¿Eso es odio? Depende. Si lo dice un tuitero anónimo, seguramente acabe en un calabozo. Si lo dice la ministra de Trabajo, es «humor fino» y «crítica política».
Pero no contenta con eso, rescató del baúl de los tópicos rancios el término «señoro» para José María Aznar. Y por si alguien dudaba de su compromiso con la ejemplaridad, lo coronó como «señor de la guerra». Aznar, señor de la guerra. Sí. Porque en la izquierda las metáforas son siempre proporcionales: si no te gusta alguien, es directamente un criminal de guerra. Qué sencillo. Qué profundo. Qué democrático.
La doble moral como programa del gobierno
Lo que hemos presenciado en 24 horas no es un error. No es un desliz. No es «la calentura del momento». Es la esencia misma de un proyecto político que ha decidido que el odio es una herramienta de uso exclusivo. Como el cazo de la sopa: ellos lo usan para repartir, pero si alguien más lo toca, es un delincuente.
El ‘Hodio’ de Sánchez no es un medidor de odio. Es un cortijo. Una finca privada donde los insultos de los suyos son «debate», las descalificaciones de los suyos son «análisis», y las soflamas de los suyos son «defensa de la democracia». El odio del otro, en cambio, merece ser monitorizado, perseguido, juzgado y, si se tercia, encerrado.
Así que enhorabuena, señorías socialistas y de Sumar. Han conseguido ustedes solos lo que el sarcasmo no podría ni imaginar: demostrar que el mayor peligro para la convivencia no son los trolls anónimos, ni los fascistas de salón, ni los supremacistas digitales. El mayor peligro son ustedes mismos, con su patente de corso, su hipocresía militante y su capacidad para llamar «lamebotas» y «señor de la guerra» a todo aquel que no se arrodille ante su relato.
Eso sí: que no se les ocurra a los demás hacerlo. Porque entonces, ‘Hodio’ caerá sobre ellos como una losa. Y con penas de prisión, por supuesto. Que para eso están las leyes: para proteger a los buenos de los malos. Y ellos, como todos sabemos, son los buenos. Aunque suden odio por cada poro.
«La izquierda no combate el odio: lo gestiona. Lo que para ellos es ‘delito de odio’ cuando lo dice la derecha, para ellos es ‘legítima defensa de la democracia’ cuando lo escupen ellos. El odio, como la justicia, siempre es de quita y pon: el nuestro no cuenta, el del otro va a la cárcel.»









