El mamarracho iluminado de Podemos

Feb 16, 2026

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Pablo Echenique, ese hetero de salón que descubrió que el sexo anal no es un chiste (porque se lo han tenido que explicar)

Hay dos tipos de personas en este mundo: las que dicen una burrada, rectifican, aprenden y callan; y luego está Pablo Echenique. El exdiputado de Podemos, físico teórico, investigador del CSIC y ahora también influencer de la estupidez, ha logrado lo que parecía imposible: que hasta sus colegas de partido tengan que mirar al suelo cuando alguien menciona su nombre. Y todo gracias a un tuit que debería servir de manual de cabecera en todas las facultades de Ciencias Políticas bajo el epígrafe «Cómo cagarla hasta el infinito y más allá».

El chiste del que se ríen los fachas

Por si alguien vivía en una cueva, recapitulemos. El pasado domingo, Echenique se topó con un artículo de La Vanguardia que desgranaba, con la aséptica frialdad de los números del CIS, los hábitos sexuales de los votantes de Vox . Allí aparecía un dato: el 49,5% de los votantes de Vox practican sexo anal. Once puntos por encima de la media nacional. Un dato sociológico, sin más.

Pero en la cabeza privilegiada de Echenique, entrenada en la resolución de problemas complejos de la física, aquello no era un dato. ¡No, señor! Aquello era un arma. Un misil. Un chiste de taberna de toda la vida. Así que, con la sutileza de un elefante en una cacharrería, tuiteó: «Un 49,5% de los votantes de Vox prefieren el sexo anal… Que cada uno haga sus valoraciones políticas» .

Y aquí es donde el científico demuestra que, por mucho que sepas de mecánica cuántica, puedes ser un perfecto ignorante en derechos humanos. Porque, querido Pablo, cuando agarras una práctica sexual —históricamente estigmatizada, perseguida y utilizada durante siglos para humillar al colectivo LGTBI— y la conviertes en el remate de un chiste contra la derecha, no estas haciendo «política de altura». Estás haciendo el ridículo. Y lo que es peor: estás meando fuera del tiesto con las botas puestas.

El alegato que ni él mismo entiende

Lo mejor de todo ha sido ver cómo, ante la que se le venía encima, Echenique ha intentado justificarse. Y aquí es donde entra la perla: «Mi intención era golpear a un partido profundamente homófobo».

Ah, la intención. Ese comodín maravilloso que utilizan los que meten la pata hasta el corvejón. ¿Sabes qué pasa con las intenciones, Pablo? Que el infierno está empedrado de ellas. Y la tuya, por si alguien tiene que explicártelo con plastilina, ha conseguido exactamente lo contrario de lo que pretendías: has unido a todo el mundo —incluidos los fachas, que se frotaban las manos— en tu contra. Hasta Alfonso Rojo se ha permitido el lujo de reírse de ti . ¿Te das cuenta? Has conseguido que hasta los ultras te señalen con el dedo. Toma ya, golpe maestro.

La izquierda te repudia (y eso ya es decir)

Cuando hasta Adrián Barbón, el presidente de Asturias, tiene que salir a la palestra y decir «no entiendo nada de este tuit» y añadir que «tiene mucho de homófobo y está fuera de lugar», es que la cagada es de órdago. Barbón, que es de los suyos, de los que militan en el mismo bando de coalición, tuvo que hacer de traductor simultáneo de la estupidez. Y eso duele más que mil críticas de Vox.

Pero la puntilla llegó de Olympe Abogados, un despacho progresista especializado en derechos LGTBI, que te espetó con una claridad que escuece: «Qué horror de tuit, Pablo. Es violento y es pura homofobia. Nuestra vida y nuestra orientación sexual no está al servicio de vuestros chascarrillos de bar estigmatizantes» .

Ahí lo tienes. En letras mayúsculas. Por si aún albergabas alguna duda. El colectivo al que presuntamente defendías te ha llamado homófobo. No Vox, no la derecha, no los malvados del universo. Los tuyos. La gente que lucha cada día por lo que tú, en un alarde de torpeza, has ridiculizado en un tuit.

El héroe que carga contra molinos… y se estrella

Porque esa es otra: la hipocresía marca de la casa. Resulta que Echenique, el mismo que ahora se retrata como azote de la homofobia, tiene un historial de oportunismo que echa humo. Hubo un tiempo, no hace tanto, en que el bueno de Pablo agarraba cualquier tema para subirse al carro de lo que sonara. Cuando Chanel arrasó en Eurovisión —a la que la progresía había puesto verde en el Benidorm Fest por «hipersexualizada» y demás mandangas—, Echenique salió como un resorte a recuperar un tuit viejo de la cantante contra Vox para apuntarse el tanto .

Entonces, la cantante «racializada» le valía para su lucha. Entonces, la mujer que movía el culo era un símbolo contra la extrema derecha. Pero si Chanel hubiera sido blanca y de derechas, el bueno de Pablo hubiera pedido su crucifixión en la Puerta del Sol . Porque así funciona su brújula moral: según sople el viento y según sume ‘likes’.

La ciencia y la estupidez no entienden de currículums

Y esto es lo más triste de todo. Porque Echenique no es un cualquiera. Es un tipo que presume de un currículum brillante, una mente privilegiada, un científico que podría estar dedicando su tiempo a investigar, a publicar, a aportar algo útil a la sociedad. Pero no. Él prefiere estar en Twitter, haciendo el gamba con datos del CIS, convirtiendo vidas ajenas en munición barata para la batalla política.

¿Dónde queda esa brillantez que presumes cuando reduces la diversidad sexual a un argumentario de taberna? ¿Dónde queda el intelectual cuando confundes la lucha contra la homofobia con un chiste de cuartel? La respuesta es sencilla: no queda nada. Solo un tipo al que se le ha ido la olla, que ha descubierto que tiene pies de barro y que, por mucho que intente disfrazar su metedura de pata de «golpe al fascismo», se ha convertido exactamente en lo que dice combatir.

Porque la homofobia no es solo odiar a los gays. La homofobia es también reírse de lo que hacen en la cama. La homofobia es también usar el sexo anal como estigma. La homofobia es, sobre todo, Pablo Echenique soltando este tufo y pretendiendo que le aplaudamos.

El epitafio del iluminado

Al final, lo más parecido a una disculpa que ha soltado Echenique ha sido ese mantra patético de que su «intención era otra». Como si las intenciones importaran cuando el resultado es que un montón de personas LGTBI se han sentido agredidas por alguien de «su bando». Como si la política fuera una guerra de trincheras donde todo vale con tal de darle al contrario.

Pablo, querido: la próxima vez que quieras «golpear a un partido», prueba a hacerlo con argumentos. Con propuestas. Con leyes. Con políticas públicas. Y deja el sexo anal en paz, que bastante tiene ya el colectivo con soportar a los homófobos de siempre como para encima tener que soportar a los homófobos que se creen aliados.

Porque tú, con tu tuit, has hecho más por normalizar el estigma contra el sexo anal. Y eso, amigo, no es física cuántica: es simplemente ser un perfecto imbécil. Con o sin escaño. Con o sin doctorado. Imbécil, a secas.

 

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