El veto al uso de las bases de Rota y Morón en la operación contra Irán deja a nuestro país en la minoría dentro de la UE y provoca la retirada de quince aviones militares norteamericanos
La política exterior del Gobierno de Pedro Sánchez ha tocado fondo. Lo que parecía un gesto de coherencia con el derecho internacional se ha convertido en un aislamiento peligroso que compromete décadas de alianza transatlántica. Al negarse a permitir que Estados Unidos utilice las bases de Rota y Morón de la Frontera en su ofensiva contra Irán, Sánchez no solo ha plantado cara a la administración Trump, sino que ha abierto una brecha de consecuencias impredecibles para la posición de España en el tablero global.
Mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores presume de estar «en el lado correcto de la historia», los hechos sobre el terreno dibujan una realidad mucho más sombría: quince aviones cisterna KC-135 Stratotanker han abandonado ya las instalaciones españolas con destino a Alemania y Francia . El mensaje no puede ser más claro: Washington reorganiza su dispositivo militar ante la falta de garantías de que nuestro país sea un socio fiable.
«Trump no olvida»: el aviso de los diplomáticos
Fuentes diplomáticas consultadas por este diario llevan días lanzando alertas que en Moncloa prefieren ignorar. «Trump no olvida estos gestos», advierten, y subrayan que el desafío con las bases trasciende lo meramente diplomático para adentrarse en el terreno operativo del Pentágono y los servicios de inteligencia . El presidente norteamericano, que ya había mostrado su malestar por la negativa española a aumentar el gasto en defensa hasta el 2%, encaja ahora un nuevo desplante que algunos califican de «bofetada estratégica».
La Casa Blanca entiende que la decisión de Sánchez no es un simple matiz jurídico, sino una declaración de principios que cuestiona la lealtad de un aliado histórico. Y en el estilo de Trump, las facturas se pagan. «Suele cobrar un alto precio», insisten las mismas fuentes, que recuerdan cómo el mandatario republicano ya ha amenazado con represalias comerciales e incluso con sugerir la expulsión de España de la OTAN si no se incrementa la inversión en defensa .
Irán aplaude mientras Israel censura
La más que preocupante paradoja de esta crisis es quiénes aplauden la decisión de Sánchez. La Embajada de Irán en Madrid no ha tardado en mostrar su satisfacción: «Irán reconoce plenamente y respeta esta posición, que está en consonancia con el derecho internacional» . Difícil encontrar un aval más incómodo para un país que se supone alineado con las democracias occidentales.
Mientras Teherán celebra, nuestros aliados naturales se preguntan qué ha pasado con España. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, ha sido especialmente mordaz: «Primero Hamás agradece a Sánchez. Después los hutíes. Ahora Irán. ¿Eso es estar en el lado correcto de la historia?» . La pregunta flota en el ambiente diplomático europeo, donde España se ha quedado en minoría tras fracasar en su intento de endurecer el comunicado conjunto de la UE contra el ataque a Irán .
Un objetivo legítimo en suelo español
Pero lo más grave quizá está por llegar. El embajador iraní en España, Reza Zabib, ha lanzado una advertencia que debería helar la sangre en Moncloa: cualquier localización utilizada en la «agresión» contra Irán será considerada un «objetivo legítimo» . Aunque el diplomático matizó que su mensaje no iba dirigido exclusivamente a España, la realidad es que nuestro territorio alberga dos bases militares estadounidenses que, según Teherán, podrían ser susceptibles de represalias si Washington decide utilizarlas en el futuro.
La pregunta es obligada: ¿ha valorado el Gobierno el riesgo que esta decisión supone para la seguridad nacional? ¿Somos conscientes de que nuestras bases podrían convertirse en objetivo de represalias iraníes precisamente por la decisión de Sánchez de vetar su uso? La protección de los 30.000 españoles en la zona es prioritaria, sí, pero ¿quién protege a los españoles que viven junto a instalaciones militares que han quedado señaladas por el régimen de los ayatolás? .
El PP denuncia «consecuencias diplomáticas»
Mientras el Gobierno insiste en que «no se ha dado ningún tipo de asistencia» a los ataques , el Partido Popular exige explicaciones. Fuentes populares citadas por RTVE plantean la cuestión clave: «¿Es una decisión logística de EE.UU. o es una decisión de España?» . Porque si nuestro país ha pedido a los norteamericanos que se marchen, «no creo que eso quede sin consecuencias diplomáticas».
La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, asegura que «no existe comunicación» sobre cambios en los niveles de alerta , pero los hechos son tozudos: los aviones se han ido. Y mientras, Podemos celebra lo que considera un primer paso para «cerrar las bases y salir de la OTAN» , evidenciando las tensiones internas en el seno del Ejecutivo de coalición.
Un precio demasiado alto
Los diplomáticos consultados son contundentes: el diálogo bilateral entre Madrid y Washington está «totalmente dañado» . Y en un momento de máxima tensión global, con dos grupos navales de combate en el Mediterráneo y más de 200 aeronaves desplegadas sobre Oriente Medio, España ha decidido jugar a la contra.
Sánchez apela al derecho internacional y a la Carta de Naciones Unidas , loable posición si no fuera porque el marco jurídico internacional es precisamente el que garantiza la seguridad de países como el nuestro. Negarse a participar en operaciones militares unilaterales es una cosa; impedir que un aliado utilice infraestructura clave en territorio español cuando está en pleno conflicto es otra muy distinta.
La historia de las relaciones internacionales está llena de gestos que se pagan caro. Y cuando el gesto implica desafiar a la primera potencia mundial mientras se reciben parabienes de Irán, conviene preguntarse si realmente estamos en el lado correcto de la historia o simplemente navegamos hacia un aislamiento peligroso del que será difícil volver.
Trump no olvida, advierten los diplomáticos. Ojalá dentro de unos años no tengamos que recordar este momento como el principio del fin de una alianza que durante décadas garantizó nuestra seguridad.









