Ekaitz Sirvent, el etarra que confeccionaba listas de empresarios para ser asesinados o extorsionados, se sienta ahora en la sala de profesores de Elgoibar. Su asignatura: Filosofía y Ética para niños de 12 y 16 años. Salió de prisión en 2022 y en tiempo récord ya es funcionario del Gobierno vasco. Bienvenidos al esperpento.
¿Se imaginan explicar a sus hijos qué es el «bien» y el «mal» y que, al llegar a casa, ellos les suelten que su profesor de Ética es un exjefe de ETA que pasó 13 años en la cárcel por llevar una pistola encima y una lista de empresarios en el bolsillo? Pues dejen de imaginar, porque en Elgoibar ya es una realidad.
Ekaitz Sirvent es el nuevo rostro de la «reinserción» en el País Vasco. Y vaya currículum. Miembro de la cúpula de ETA, delfín de ‘Txeroki’ y especialista en falsificación de documentos, fue detenido en París en 2009. En el momento de su captura, este paladín de la éta llevaba encima una pistola —por si las moscas— y una selecta lista de objetivos. Empresarios vascos que, sin saberlo, habían sido seleccionados para ser extorsionados o algo peor por el «compañero» que hoy enseña a adolescentes a discernir entre el bien y el mal.
Pero la historia no acaba aquí. Lo realmente obsceno comienza en 2022, cuando Sirvent sale de una prisión francesa. Un año después, en un tiempo récord que haría palidecer a cualquier opositor honrado, ya tenía su plaza de funcionario. El Gobierno vasco le abrió las puertas de par en par para que ejerciera de mentor ético de la chavalería de Elgoibar, el pueblo de Arnaldo Otegi. Casualidades de la vida.
Lo más grave no es solo que un etarra sin escrúpulos se siente en una tarima. Es la oscuridad con la que se ha gestionado su llegada. Padres, madres y el resto del profesorado han vivido en la más absoluta ignorancia. Nadie les contó que el nuevo catedrático de la virtud había pasado los 80 y los 90 entrenándose en el arte de señalar, perseguir y aniquilar al adversario político y económico.
Así que mientras los alumnos intentan entender a Platón, tienen delante a un tipo que practicó la «ética» de la extorsión en su versión más pura: la que aprieta el cuello de los empresarios para financiar el asesinato. Un hombre que dedicó su vida a la falsificación —es decir, a la mentira como herramienta— ahora tiene la potestad de poner notas a críos de 12 y 16 años.
Esto no es reinserción, es un escupitajo a la cara de las víctimas. Es el «todo vale» de una clase política que mira hacia otro lado con tal de no remover ciertos lodazales. Porque al final, en el «mundo al revés» de Otegi y los suyos, un terrorista con sangre en las manos (o en la agenda) acaba convertido en funcionario, en ejemplo, en profe.
Que Dios coja confesados a los alumnos de Elgoibar. Y a los padres, que les den mucha filosofía, porque la realidad que les han colado en el instituto es la peor de las pesadillas. El terrorismo ya no mata, pero ahora se sienta en la mesa de los profesores a explicar qué es la moral.









