El día que el infierno llegó a la avenida Meridiana

Nov 26, 2025

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La masacre de Hipercor: Memoria Histórica, para que los asesinatos de ETA no caigan en el olvido

Una tarde de junio de 1987, ETA perpetró el atentado más sangriento de su historia en un hipermercado de Barcelona. Veintiuna vidas truncadas, 45 heridos y una herida que permanece abierta en la memoria colectiva.

«Varias personas resultaron atrozmente quemadas y mutiladas, sin posibilidad alguna de escapar ante la oscuridad producida por el humo negro y los materiales incendiarios adheridos a sus cuerpos». – Sentencia de la Audiencia Nacional.

El 19 de junio de 1987, un viernes cualquiera, el centro comercial Hipercor de la avenida Meridiana de Barcelona era un hervidero de actividad. A primera hora de la tarde, el hipermercado comenzaba a llenarse de familias haciendo la compra del fin de semana, niños que acompañaban a sus padres y trabajadores que aprovechaban su tiempo libre. Ninguno de ellos podría haber imaginado que a las 16:10 sus vidas cambiarían para siempre, o simplemente terminarían, en el ataque terrorista más mortífero de la historia de ETA.

Un dispositivo infernal

La banda terrorista había preparado meticulosamente su artefacto mortal. Miembros del Comando Barcelona -Josefa Ernaga, Domingo Troitiño y Rafael Caride Simón- habían aparcado un Ford Sierra robado en la primera planta del aparcamiento del hipermercado. En su maletero escondían 200 kilos de carga explosiva con una composición particularmente letal: 30 kg de amonal, cien litros de gasolina, escamas de jabón y pegamento.

Esta mezcla, según describiría posteriormente la sentencia, estaba «inspirada en el material utilizado en la guerra» y tendría efectos similares al napalm. La combinación estaba diseñada para adherirse a los cuerpos y elevar la temperatura hasta los 3.000 grados centígrados, creando un infierno en el que poco podría sobrevivir.

Avisos fallidos y confusión

Según quedó probado en el juicio, Troitiño realizó tres llamadas de aviso desde una cabina telefónica alrededor de las tres de la tarde. Alertó a la Guardia Urbana de Barcelona, a la administración del establecimiento y al diario Avui.

Pero los avisos fueron confusos: no explicaban que el explosivo estaba en un coche y señalaban la hora de la explosión para las 15:30, 38 minutos antes de la hora real. La búsqueda, realizada por personal de seguridad y fuerzas policiales, no localizó ningún paquete sospechoso. Al sobrepasarse la hora señalada para la explosión, las autoridades no consideraron necesario desalojar el local.

Un factor crucial fue la saturación de avisos falsos que se producían en aquella época. Según informó La Vanguardia, ese mismo día se habían recibido doce avisos de bomba falsos.

El infierno en la Tierra

A las 16:10 horas, el temporizador activó los explosivos. La explosión fue colosal: voló por los aires la primera planta del garaje y provocó un socavón de 5 metros de diámetro en el suelo del establecimiento. Por él penetró una bola de fuego que abrasó todo lo que encontró a su paso.

La mezcla incendiaria se pegaba a los cuerpos como el napalm, mientras los gases tóxicos provocaban la asfixia de quienes no habían sido alcanzados directamente por las llamas. La temperatura alcanzó los 3.000 grados centígrados, carbonizando todo a su alrededor.

El balance final fue devastador: 21 muertos y 45 heridos. Entre los fallecidos había cinco hombres, 12 mujeres y cuatro niños . Algunos de los cuerpos quedaron completamente carbonizados, irreconocibles.

Historias truncadas

Detrás de las frías cifras hay vidas truncadas, familias destruidas:

  • Milagros Amez Franco (43 años) había sido dejada por su marido en el aparcamiento mientras cargaba la compra en el coche. Él trabajaba en uno de los edificios situados encima del hipermercado y desde el ascensor oyó la explosión.

  • Susana Cabrerizo Mármol (13 años) había ido por primera vez a Hipercor junto a su hermana y su madre para comprar bañadores y zapatillas de playa para las vacaciones. Las tres se encontraban en el interior de su vehículo en el aparcamiento cuando la onda expansiva les alcanzó de lleno.

  • Jordi Vicente (9 años) fue la víctima más joven. Su madre contaría después que «el niño estuvo a punto de quedarse en casa, pero en el último momento decidió ir».

  • María Emilia Eyre (44 años), natural de Chantada (Lugo), se encontraba haciendo las compras junto a su marido, quien resultó herido. Minutos antes de la explosión, al ver la presencia de policías en el hipermercado, había tranquilizado a su esposo: «No tengas miedo Rodrigo, porque si hubiera una bomba nos habrían avisado».

La explosión provocó también la destrucción de unos 20 vehículos y daños graves en otros 25, además de importantes destrozos en las instalaciones del hipermercado y edificios vecinos, valorados en 400 millones de pesetas (2,4 millones de euros).

Justicia y responsabilidad

Condenas a los perpetradores

Cuatro miembros de ETA fueron condenados por la Audiencia Nacional a penas de casi 800 años cada uno en dos juicios celebrados en 1989 y 2003:

  • Domingo Troitiño: 794 años de prisión como autor material. Fue puesto en libertad en noviembre de 2013 tras la derogación de la doctrina Parot, habiendo cumplido 26 años.

  • Josefa Ernaga: 794 años de prisión como autora material. Cumplió 27 años y medio en prisión.

  • Rafael Caride Simón: 790 años y medio de cárcel como ideólogo del atentado. Terminó de cumplir su condena en agosto de 2019.

  • Santiago Arróspide Sarasola (Santi Potros): 790 años y medio de cárcel como máximo responsable de la banda terrorista. Cumplió 18 años de prisión.

Responsabilidad patrimonial del Estado

Años después del atentado, se produjo un hito en la historia judicial española: por primera vez se reconoció la responsabilidad patrimonial parcial del Estado por negligencia en un atentado terrorista. El tribunal consideró que la Policía no actuó correctamente al no desalojar el edificio ni impedir que siguieran entrando personas en él.

El Tribunal Constitucional avaló posteriormente que las víctimas de Hipercor pudieran reclamar a la Administración, considerando que la decisión de la Audiencia Nacional de remitirles a la vía administrativa no era «arbitraria o irrazonable».

Heridas que permanecen

Robert Manrique, que tenía 24 años y trabajaba en la carnicería de Hipercor durante el atentado, recuerda: «Estaba encima de donde explotó la bomba. […] Notaba mucho calor, aunque con la cara quemada no veía nada». La explosión le provocó quemaduras en el 80% del cuerpo y daños hepáticos permanentes.

Para familias como la de Nuria Manzanares y Enrique Vicente, el dolor nunca ha desaparecido. Su hermana Mercè (30 años) y sus dos hijos, Silvia (13) y Jordi (9), fallecieron en el aparcamiento. «No puedo olvidar, lloro enseguida, y cuando veo a los hijos de los vecinos pienso que ya estarían así de mayores», confiesa Nuria.

Alvaro Cabrerizo perdió a su esposa y sus dos hijas en el atentado. Su testimonio refleja la magnitud de la tragedia: «El día del atentado ocurrió que mi esposa no abría el videoclub. Me temí un accidente o alguna cosa. A las seis y media de la tarde me enteré de que había habido un atentado en la Meridiana y me fui a Hipercor y vi el drama que allí se vivía».

Memoria viva

El atentado de Hipercor marcó un antes y un después en la historia del terrorismo en España. No solo por su extrema crueldad -fue el primero en el que ETA utilizó deliberadamente una mezcla incendiaria similar al napalm para maximizar el daño- , sino también porque sentó un precedente judicial al reconocer la responsabilidad del Estado en la protección de los ciudadanos frente a atentados terroristas.

Hoy, 38 años después, las víctimas del terrorismo en España cuentan con un marco de protección y reconocimiento a través de la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, inspirada en los principios de memoria, dignidad, justicia y verdad.

Pero más allá de los marcos legales, permanecen las historias personales, las vidas truncadas y el recuerdo de quienes, en una tarde cualquiera de junio, fueron a hacer la compra y se encontraron con el infierno en la avenida Meridiana.

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