La noche que tres policías murcianos cayeron en San Sebastián, para que los asesinatos de ETA no caigan en el olvido
La crudeza del terrorismo etarra se cebó el 7 de abril de 1979 con tres agentes de la Compañía de Reserva General de Murcia que acababan de llegar como refuerzo temporal. Un ataque cobarde que dejó viudas, huérfanos y una profunda herida en la sociedad.
Tres policías nacionales de la Compañía de Reserva General de Murcia, que apenas llevaban un día en la ciudad como refuerzo temporal en la lucha antiterrorista, yacían muertos. Los asesinos, miembros de ETA, les habían tendido una emboscada mortal mientras regresaban al cuartel tras cenar, vistiendo de paisano. La noticia conmocionó a todo el país, pero especialmente a la región de Murcia, que veía cómo el terror arrebataba a tres de sus hijos.
La llegada: un refuerzo temporal con final trágico
El 6 de abril de 1979, el sargento Ginés Pujante García -de 41 años, natural de San Ginés, casado y padre de dos hijos- junto al cabo primero Miguel Orenes Guillamont -de Rincón de Seca- y el cabo Juan Bautista Peralta Montoya -murciano-, llegaron a San Sebastián como parte de la Compañía de Reserva General de la Policía Nacional con base en Murcia. Su destino temporal era el Regimiento militar de Loyola, donde servirían como refuerzo en la lucha contra el terrorismo de ETA.
Su despliegue respondía a una necesidad de seguridad. Según los reportes, venían a reemplazar a la 4ª CRG con sede en Zaragoza, unidad que previamente había sufrido un atentado mientras jugaba al fútbol en el cuartel de Basauri. El relevo era perentorio, pero el destino les tenía reservado un porvenir aún más trágico.
La emboscada: un taxi robado y disparos a quemarropa
Al día siguiente de su llegada, el 7 de abril, los tres agentes salieron a cenar a un restaurante. Ian vestidos de paisano, tratando de mimetizarse con la población civil en una ciudad donde ser policía significaba llevar una diana en la espalda. Mientras se dirigían de regreso al cuartel, tres terroristas de ETA les tendieron una emboscada utilizando un taxi robado como medio para aproximarse sin levantar sospechas.
El ataque fue rápido y brutal. Los terroristas abrieron fuego contra los tres agentes a quemarropa. Dos de ellos murieron en el acto -Ginés Pujante y uno de sus compañeros-. El tercer policía, alcanzado gravemente por los disparos, logró ser trasladado con vida al hospital militar de San Sebastián, pero falleció poco después, completando la tragedia que segó tres vidas en una sola noche.
El atentado de Loyola se inscribía en una estrategia de terror sistemático contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Cifras oficiales de la Policía Nacional indican que ETA asesinó a 146 policías nacionales desde la muerte de Franco hasta el cese de su actividad armada, siendo el grupo terrorista que más víctimas policiales causó en España.
Las consecuencias: protestas y un duelo que perdura
El triple asesinato no quedó impune en la memoria colectiva. El crimen generó protestas públicas de familiares de miembros de la Policía. Un grupo de mujeres, esposas y madres de agentes destinados en el País Vasco, exigieron que les enviaran a otras regiones, manifestando el miedo y la angustia de las familias que veían cómo sus seres queridos servían en territorio hostil.
Los cuerpos de los tres agentes fueron trasladados a Murcia tras una ceremonia religiosa, siendo enterrados en sus respectivas localidades natales. El duelo se extendió por toda la región, donde cada nuevo atentado contra murcianos reabría heridas aún no cicatrizadas.
Contexto: la estrategia de ETA contra las fuerzas de seguridad
El atentado contra los tres murcianos respondía a una directriz explícita de ETA. En 1974, la organización terrorista había declarado a todos los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad «objetivos permanentes» de sus acciones armadas. Esta declaración de guerra unilateral convirtió a policías y guardias civiles en blancos legítimos para la banda, independientemente de si estaban o no de servicio.
La segunda mitad de los años 70 y toda la década de los 80 fueron los años con mayor número de atentados contra policías en España. Las estadísticas oficiales reflejan la crudeza de esta persecución sistemática: de los 188 policías nacionales asesinados por terrorismo entre 1968 y 2015, ETA fue responsable de 150 de estas muertes.
Memoria frente al olvido
Cuatro décadas después, los nombres de Ginés Pujante, Miguel Orenes y Juan Bautista Peralta permanecen en la memoria de una sociedad que lucha contra el olvido. Su sacrificio, junto al de todas las víctimas del terrorismo, constituye lo que la Policía Nacional ha denominado un «referente ético de la defensa de la libertad frente a la barbarie criminal«.
Hoy, cuando el terrorismo de ETA pertenece al pasado pero la memoria sigue viva, estas historias nos recuerdan el precio que tuvo que pagar España por su libertad y el valor de aquellos que, como los tres murcianos de la Compañía de Reserva, llegaron a una tierra extraña para servir a su país y encontraron la muerte en las sombras de una noche donostiarra.









