De presidiario a influencer y de nuevo a la cárcel
Dos años de investigación y un perfil en TikTok permiten resolver el brutal asesinato de David, un joven estudiante, y desvelar una escalofriante historia criminal que abarca cuatro décadas.
La historia parece sacada de una serie de televisión, pero es macabramente real. José Jurado Montilla (69 años), conocido en los bajos fondos malagueños como ‘Dinamita Montilla’, vivía una doble vida. Mientras subía videos nostálgicos a TikTok hablando de su pasado, su presente estaba manchado por la sangre de, al menos, una víctima más. La tecnología, que él usaba para construir una imagen de viejo reformado, fue la que terminó entregándolo a la policía.
El caso que destapó la verdadera naturaleza de Jurado comenzó el 30 de agosto de 2022. David, un joven de 22 años estudiante de Ingeniería Informática, salió a recoger algarrobas en un terreno familiar en la zona de Campanillas (Málaga). No regresó. Horas antes, había enviado unos mensajes de WhatsApp a sus padres que se convertirían en pistas cruciales: describía a un hombre mayor, de aspecto siniestro y con una escopeta, que merodeaba por la zona. Era la última comunicación de David.
La huella en la cremallera y la huella digital
La investigación, una compleja maraña que se extendió durante 24 meses, parecía estancada. Hasta que la ciencia y las redes sociales dieron un vuelco al caso. Los investigadores de la Policía Nacional y de la Guardia Civil lograron extraer una minúscula muestra de ADN de la cremallera de la mochila de David. No había registro de ese perfil en las bases de datos, pero sí encajaba con el de un preso liberado años atrás por un tecnicismo legal: José Jurado Montilla.
Paralelamente, otro equipo rastreaba internet. Y allí estaba él: ‘Dinamita Montilla’. En su canal de TikTok, Jurado contaba anécdotas de su vida, incluidos sus años en prisión. Esos videos, con su voz y su imagen, fueron la pieza final del rompecabezas. La descripción física que hizo David coincidía. Su historial, también.
Una carrera criminal que comenzó en los 80
La detención de Jurado no solo resolvió el asesinato de David. Abrió la caja de los truenos de una carrera criminal siniestra que se remonta a la década de 1980.
- Años 80: Su macabra historia comenzó con el asesinato de dos turistas alemanes acampados cerca del Paraje Natural del Desfiladero de Los Gaitanes (Caminito del Rey). En 1985, asesinó a Francisco González, un vecino de Puerto de la Torre (Málaga). Dos años después, mató a Antonio Paniagua, ex chófer del cantaor Juanito Valderrama, cuyo cuerpo apareció carbonizado en una casa de campo en Campanillas.
- Condena y libertad: Por estos cuatro homicidios, José Jurado fue condenado a 123 años de prisión. Sin embargo, debido a la derogación de la doctrina Parot, solo cumplió 28 años, recuperando la libertad en 2018. El sistema judicial lo consideraba, sobre el papel, un hombre que había pagado su deuda con la sociedad.
- Reincidencia y cinismo: Liberado, no abandonó su naturaleza violenta. El 21 de agosto de 2023, Ester Estepa Pérez (42 años), una mujer sevillana, desapareció tras conocer a un hombre en un albergue. Su cuerpo fue hallado semanas después en un cañar de Valencia. El modus operandi de Jurado incluyó un perturbador acto de cinismo: se hizo amigo de la familia de Ester en las redes sociales, publicó fotos suyas pidiendo ayuda para buscarla e incluso llegó a llamar por teléfono a la madre de la víctima, mostrando una falsa preocupación mientras ocultaba el cadáver.
La paradoja del asesino ‘influencer’
La figura de Jurado Montilla plantea preguntas incómodas sobre la reinserción, la peligrosidad y los vacíos legales. Mientras las familias de sus víctimas lloraban pérdidas irreparables, él construía una narrativa pública en TikTok, un espacio donde algunos seguidores llegaron a verlo como un «viejo canalla» con historias del pasado.
“Es la paradoja del criminal del siglo XXI”, comenta una fuente policial cercana al caso. “Usaba las herramientas de hoy, como el móvil y las redes, para cometer sus crímenes y para crear una coartada de normalidad, pero su mente seguía anclada en la brutalidad más primitiva”.
José Jurado Montilla permanece ahora en prisión, a la espera de enfrentarse a los nuevos cargos por los asesinatos de David y Ester. Su caso es un trágico recordatorio de que algunos monstruos no se reforman, solo aprenden a usar nuevas máscaras. Y a veces, son sus propias máscaras las que los delatan.









