El asesinato que estremeció a España

Nov 20, 2025

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La historia de Miguel Ángel Blanco y el principio del fin de ETA

El 12 de julio de 1997, dos tiros resonaron en un bosque del País Vasco. Con el asesinato de Miguel Ángel Blanco, un joven concejal de 29 años, ETA no solo acababa con una vida, sino que desencadenaba el mayor movimiento de repulsa social que España había visto contra el terrorismo, marcando un punto de inflexión histórico.

El secuestro y ejecución de Blanco representó el clímax de una estrategia terrorista diseñada para «socializar el sufrimiento» y doblegar la voluntad del Estado. Sin embargo, su efecto fue el contrario: catalizó una reacción ciudadana masiva que, para muchos analistas, señaló el principio del fin de la organización armada.

Las 48 horas que paralizaron a una nación

El jueves 10 de julio de 1997, a las 15:30 horas, la rutina de Miguel Ángel Blanco se truncó en el apeadero de Ardanza, en Eibar. La etarra Irantzu Gallastegi Sodupe, alias «Amaia», lo abordó cuando bajaba del tren camino de su trabajo como economista en la consultora Eman Consulting. Junto a otros dos miembros del comando Donosti de ETA —Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote», y José Luis Geresta Mujika, «Oker»—, lo introdujo a la fuerza en un vehículo.

Dos horas después, la banda hizo pública su exigencia: el Gobierno de José María Aznar tenía 48 horas para acercar a los presos de ETA a cárceles del País Vasco. Si no cumplía, ejecutarían a Blanco. El ultimátum expiraría el sábado 12 de julio a las 16:00 horas.

  • Antecedentes inmediatos: El secuestro no fue un acto aislado. Solo nueve días antes, el 1 de julio, la Guardia Civil había liberado al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, tras 532 días de cautiverio en un zulo húmedo y minúsculo. Las impactantes imágenes de Ortega Lara, demacrado y con 23 kilos menos, habían conmocionado al país. Para ETA, el secuestro de Blanco era una respuesta y una demostración de fuerza.

Cronología de una ejecución anunciada

La siguiente tabla resume las horas críticas que vivió España, entre la esperanza y la indignación creciente:

10 jul, 17:30: ETA anuncia el secuestro y el ultimátum de 48 horas. Inicio de una operación policial masiva. Primeras concentraciones en Ermua.

10 jul, 23:30: Las cadenas de TV incluyen un lazo azul en sus emisiones como símbolo de rechazo.

11 jul: Portadas en todos los periódicos. El lehendakari Ardanza convoca el Pacto de Ajuria Enea. Manifestaciones multitudinarias en Madrid (Puerta del Sol) y en toda España. El periodista Iñaki Gabilondo proclama: «Miguel Ángel no está solo, ETA sí está sola».

12 jul, 12:00: Medio millón de personas se manifiestan en Bilbao, en la mayor concentración contra ETA en el País Vasco. Asisten Aznar, Almunia (PSOE) y Ardanza.

12 jul, 16:00: Expira el ultimátum. ETA ordena la ejecución. El país contiene la respiración. Medios interrumpen su programación.

12 jul, 16:50: Blanco es llevado a un bosque en Lasarte-Oria. Maniatado y de rodillas, «Txapote» le dispara dos veces en la cabeza.

13 jul, ~05:00: Miguel Ángel Blanco fallece en el hospital, sin recuperar la conciencia. Una oleada de indignación, dolor y rabia recorre España.
 

La vida interrumpida de Miguel Ángel Blanco

Detrás de la fría cronología del terror había un hombre con una vida por delante. Miguel Ángel Blanco Garrido tenía 29 años, había estudiado Económicas y tocaba la batería en un grupo llamado Póker. Era hijo de inmigrantes gallegos —su padre era albañil y su madre ama de casa— y concejal del Partido Popular en Ermua desde 1995.

«Era una persona tranquila, introvertida, que no hablaba mucho», recuerda Juan Carlos Abascal, quien lo conoció y hoy es alcalde de Ermua. Su hermana, Mari Mar, le dio un beso de despedida el 4 de marzo de 1997, cuando partió a Escocia a estudiar inglés. «Le dije ‘Hasta luego’ sin saber que iba a ser hasta siempre», relata.

Un país que dijo «Basta ya»

La reacción al asesinato fue un tsunami cívico sin precedentes. Millones de personas salieron a las calles de toda España al grito de «Basta ya». El llamado «Espíritu de Ermua» simbolizó la unidad social frente al terrorismo y el rechazo a cualquier negociación política con la violencia.

«Hubo una mirada de absoluto horror en la cara de la gente. Y de incredulidad. Y de odio», describe Abascal sobre el momento en que se conoció la noticia en Ermua. Eduardo Madina, entonces miembro de las Juventudes Socialistas y luego diputado del PSOE, lo vivió bajo el balcón del ayuntamiento: «Recuerdo que sentí como si estuviera lloviendo navajas».

Este punto de inflexión fue tan claro que, solo tres años después, un político llegó a afirmar que ETA «se había suicidado» con aquel acto.

La polémica por la memoria: homenajes y disputas

Veinte años después del crimen, en 2017, la memoria de Miguel Ángel Blanco seguía generando una intensa polémica política en España.

  • El Partido Popular realizaba múltiples homenajes, desplegando pancartas con lemas como «Sigues dejando huella». Su hermana, Mari Mar Blanco, ya diputada del PP, defendía estos actos: «Recordar a mi hermano es recordar a todas las víctimas».

  • Por el contrario, partidos de izquierda como el PSOE, Podemos o Izquierda Unida se desmarcaban en muchos municipios. La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena (Ahora Madrid), se negó inicialmente a colgar una pancarta en recuerdo de Blanco para «no destacar a unas víctimas sobre las demás», aunque luego rectificó ante las críticas.

  • En Bilbao, el ayuntamiento rechazó levantar un monolito en memoria de la gran manifestación de 1997, y en Cádiz, el gobierno de Podemos se abstuvo en la votación para ponerle su nombre a una calle, argumentando que «no hay víctimas de primera y de segunda».

Este debate refleja las heridas aún abiertas y las diferentes sensibilidades sobre cómo gestionar la memoria del terrorismo en España.

El desenlace judicial y el legado

De los tres terroristas responsables:

  • Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote»: Fue el autor material de los disparos. Condenado a 450 años de prisión por este y otros asesinatos, cumple condena en régimen de aislamiento.

  • Irantzu Gallastegi Sodupe, «Amaia»: Quien abordó a Blanco para secuestrarlo. Cumple una condena de 50 años.

  • José Luis Geresta Mujika, «Oker»: Se cree que sujetó a Blanco durante la ejecución. Nunca fue juzgado, ya que se suicidó en 1999.

El legado de Miguel Ángel Blanco perdura a través de la Fundación que lleva su nombre, creada para honrar a todas las víctimas del terrorismo y promover la educación en valores democráticos. Cada aniversario, actos en toda España, como el celebrado en 2025 en San Sebastián de los Reyes, recuerdan que su figura se ha convertido en un símbolo de la convivencia y la paz frente al terrorismo.

Veintiocho años después, su asesinato sigue siendo un recordatorio brutal del costo de la violencia y un testimonio del poder de una sociedad que, un día, decidió perder el miedo y decir «basta ya».

 

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