Las Mentiras que Sostienen al Sanchismo
Un régimen político que se alimenta de la falsedad tiene una dependencia vital de quienes fabrican y difunden su relato.
La criatura política de Pedro Sánchez no sobreviviría 24 horas sin el trabajo coordinado de un ejército de activistas mediáticos, los bullshitters o charlatanes, especializados en la tergiversación al servicio del poder. Bajo la definición del filósofo Harry Frankfurt, estos no son mentirosos convencionales -que sí conocen la verdad y intentan ocultarla-, sino algo más insidioso: actores a los que simplemente no les importa si lo que dicen es verdad o falso, solo si es útil para sus propósitos de poder.
El ejército de la desinformación
Pero una mentira tan colosal no se sostiene sola. Requiere de una red de propagandistas que la repitan hasta convertirla en «verdad» para una parte de la ciudadanía. La firma de un manifiesto pidiendo impunidad para Begoña Gómez, con Iñaki Gabilondo a la cabeza, fue un acto de militancia pura. Bajo la retórica de defenderla de un «ataque de la ultraderecha», lo que realmente se busca es enmascarar los casos de corrupción que desbordan al Gobierno.
La lealtad de estos personajes es tan mercenaria que, con igual celo, firmarían comunicados en apoyo de Ábalos, Koldo o el ‘Tito Berni’. Su trabajo no es informar, sino intoxicar. Por eso, para desenmascararlos, hay que ignorar sus creaciones narrativas y centrarse en las incómodas verdades que intentan ocultar.
La anatomía de la bullshit: cuando la verdad se vuelve irrelevante
El concepto de «bullshit» desarrollado por el filósofo Harry Frankfurt proporciona el marco perfecto para entender los mecanismos comunicativos del sanchismo. Frankfurt establece una diferencia crucial entre el mentiroso tradicional y el bullshitter:
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El mentiroso conoce la verdad y deliberadamente intenta ocultarla o sustituirla por una falsedad. Su acción, aunque reprobable, mantiene un vínculo con la verdad al reconocer su existencia e importancia.
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El bullshitter, en cambio, opera con completa indiferencia hacia la verdad. No le importa si lo que dice es verdadero o falso, solo le preocupa si sirve a sus propósitos inmediatos.
Esta distinción es fundamental para entender por qué el relato sanchista puede mutar tan rápidamente sin ruborizarse por las contradicciones. Como señaló Frankfurt, «la bullshit es un enemigo más grande de la verdad que las mentiras», porque corroe los fundamentos mismos del discurso racional.
La estrategia del «todo es fake news»: de escudo a boomerang
El sanchismo desarrolló una sofisticada estrategia de comunicación que consistía en tildar sistemáticamente de «fake news» cualquier información perjudicial. Esta táctica, inicialmente efectiva, terminó volviéndose en su contra de forma espectacular.
Según un análisis de El Confidencial, el Gobierno adoptó el «todo son fake news» como política de Estado, hasta el punto de que el propio PSOE terminó creyéndose su propia propaganda. Esta burbuja de autocomplacencia informativa explica la catastrófica gestión de la crisis por el caso Cerdán:
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Un Gobierno paralizado, incapaz de hacer control de daños.
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Una ceguera informativa que impidió reaccionar a pesar de tratarse de «un accidente de tráfico a cámara lenta».
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La convicción dogmática de que las crecientes evidencias sobre Cerdán eran solo «otro bulo de la derecha».
El resultado fue una hecatombe informativa que dejó al descubierto la completa desinformación de Sánchez, quien, según El País, «no supo nada concreto del demoledor informe de casi 500 páginas hasta que no lo publicó la prensa».
Los hilos rotos: andamiaje mediático en crisis
La arquitectura de poder sanchista dependía de un complejo entramado de alianzas mediáticas que comenzó a resquebrajarse estrepitosamente. Dos casos ilustran esta decadencia:
La guerra fallida con Prisa
El Gobierno intentó imponer su voluntad sobre el grupo Prisa (propietario de El País y la Cadena SER) forzando la creación de un nuevo canal de televisión afín, bautizado en la industria como «Tele Contreras». La operación terminó en un sonoro fracaso:
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La publicación de una entrevista con el presidente de Prisa Media, Carlos Núñez, anunciando la financiación del canal, enfureció al máximo accionista Joseph Oughourlian.
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Oughourlian, que había mantenido una «relación idílica con Pedro Sánchez«, reaccionó destituyendo a los directivos afines al Gobierno.
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El conflicto escaló hasta convertirse en una guerra abierta, con el Gobierno enviando a un ministro para convencer a otros accionistas de rebelarse contra Oughourlian.
Este forcejeo demostró la torpeza e improvisación de una estrategia que terminó enfrentando al Gobierno con su aliado mediático natural.
La implosión del control informativo
El caso más flagrante de descontrol se produjo durante la crisis por el caso Cerdán. Según se relata, el Gobierno estaba «a ciegas en el peor momento», con la vicepresidenta María Jesús Montero preguntando incluso a una periodista cómo conseguir el informe de la UCO . La imagen de Santos Cerdán leyendo en su móvil en el Congreso el informe que le acusaba de delincuentefue el símbolo perfecto de un sistema de información completamente fallido.
Las verdades incómodas que el relato intenta ocultar
Mientras la maquinaria de bullshitters trabaja para construir narrativas alternativas, estas son las realidades que intentan encubrir:
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La corrupción sistémica: Feijóo ha acusado al sanchismo de haber convertido al PSOE en «una organización criminal«, señalando que «la prevaricación, la apropiación indebida, el blanqueo de capitales y la malversación circulaban» en las causas que rodean a Sánchez.
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La trama Koldo: Considerada «posiblemente la peor crisis del gobierno de Pedro Sánchez desde que llegara al poder», esta investigación revela una presunta trama de corrupción que habría concedido contratos millonarios durante la pandemia a cambio de comisiones.
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Los vínculos empresariales: La UCO ha puesto en el centro de la investigación el papel del sector privado en la presunta corrupción, señalando la implicación de grandes empresas como Acciona en el presunto amaño de obra pública.
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La conexión canaria: El caso Koldo enlaza con el «caso Tito Berni«, otra trama de corrupción en Canarias donde aparecen los mismos actores, como Conrado Domínguez, director del Servicio Canario de la Salud que autorizó la compra de mascarillas defectuosas.
El precio de la bullshit: cuando la indiferencia hacia la verdad destruye la confianza
Frankfurt argumentaba que el auge de la bullshit está vinculado a la expectativa social de que todos debemos tener opinión sobre todo, incluso sin conocimiento suficiente. El sanchismo ha llevado esta premisa a su expresión máxima: ha construido un andamiaje de poder donde la fidelidad al relato importa más que la coherencia con los hechos.
Pero como advierte el filósofo, esta actitud es profundamente dañina para la civilización, pues la indiferencia hacia la verdad socava los cimientos mismos del discurso público. El precio de esta estrategia ya es visible:
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Crisis de credibilidad irreversible del principal relato gubernamental.
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Pérdida de control sobre su propia narrativa.
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Desmoronamiento del ecosistema mediático afín.
Al final, la paradoja del sanchismo es haber creado una maquinaria de comunicación tan potente como frágil, capaz de dominar el debate público pero incapaz de enfrentarse a simples realidades. Como concluye Frankfurt, «la bullshit es una amenaza mayor para la verdad que las mentiras», y el sanchismo puede terminar siendo la prueba más elocuente de esta afirmación.









