La encarnación de todo lo malo en el universo conocido
En el vibrante mundo de la política nacional, donde las lealtades son tan eternas como un carámbano en agosto, estamos siendo testigos de una de esas magistrales lecciones de realismo que solo el maestro Pedro Sánchez sabe impartir. La escena es la siguiente: Ferraz, la maquinaria del Partido Socialista, ha decidido que sus socios de ayer, esos mismos sin los cuales La Moncloa sería solo un bonito palacio visitable, son hoy la encarnación de todo lo malo en el universo conocido.
El Giro Copernicano del Sanchismo
Hace apenas un suspiro, Junts era ese partido “dialogante”, “necesario” y “constructivo” con el que había que “tender puentes” para la “reconciliación”. Hoy, según leemos en El Socialista –el órgano oficial del PSOE que hace las veces de Pravda en esta tragicomia–, Junts es, ni más ni menos, que la hermana gemela separatista de Vox y el PP. Sí, han leído bien. Aquellos a quienes Sánchez abrazó con la fuerza de un náufrago a un salvavidas son ahora, oficialmente, la “derecha y ultraderecha”.
La transformación es tan milagrosa como repentina. Carles Puigdemont, el hombre al que el sanchismo cortejó en Waterloo con la delicadeza de un trovador, ha pasado de ser un “interlocutor válido” a un líder de la ultraderecha. Uno se imagina la escena: Puigdemont, de estar tomando un café en Bélgica, se despierta un día y decide que, en el fondo, siempre le gustaron más las políticas de Santiago Abascal. Una revelación, sin duda.
La Gratitud: Ese Sentimiento Efímero
No se puede olvidar, aunque algunos lo intenten con denuedo, que los diputados de Junts fueron el salvoconducto de Sánchez para la moción de censura de 2018 y su posterior investidura. Fueron esos votos, esos “síes” incómodos pero imprescindibles, los que abrieron las puertas de La Moncloa. A cambio, hubo cesiones, pactos y promesas. Muchas promesas.
Pero hete aquí que la frágil memoria política tiene un desencadenante: el despecho. Cuando Junts anunció su ruptura, harta de lo que ellos llaman “incumplimientos”, la maquinaria de Ferraz no tardó en sacar la artillería pesada. La portavoz Míriam Nogueras lo resumió con una contundencia que dolió más que un voto en contra: “No ha aprovechado la oportunidad”. Es decir, siete años de sostén a cambio de… bueno, de un lugar en el diccionario de sinónimos de “ingratitud”.
La Amnistía: El Pacto que Nunca Fue
Uno de los puntos clave del divorcio fue la Ley de Amnistía. Junts esperaba una redacción que diera mayor cobertura a los líderes del 1-O y, en particular, a su prófugo más ilustre. Pero el Gobierno, maestro en el arte de la ambigüedad, parece haber entendido “amnistía” como un concepto más filosófico que jurídico. Algo así como “te absuelvo, pero con condiciones que probablemente no cumpla”.
Así, lo que para Junts era un incumplimiento flagrante, para el PSOE es ahora una prueba de que los independentistas son “derecha que nunca vota a favor del pueblo”. La lógica es fascinante: si no votas a favor de mi senda de déficit, eres un enemigo del pueblo. Y si, además, te atreves a unir tus votos a los del PP y Vox para bloquearla, entonces completes tu metamorfosis en un monstruo de tres cabezas: la derecha madrileña y la catalana unidas en un abrazo fraticida.
La Nueva Taxonomía Política de Ferraz
El artículo de El Socialista nos regala una joya de reingeniería terminológica. Antes las “tres derechas” eran PP, Vox y Ciudadanos. Pero como Ciudadanos se ha esfumado más que el consenso, había que buscar un sustituto. Y voilà: Junts ocupa ahora ese lugar de honor. La ecuación es simple: si no estás conmigo, eres de derechas. Y si eres independentista y no estás conmigo, eres de ultraderecha. La lógica, como ven, es impecable.
Lo más hilarante de todo es el reproche final: acusan a Junts de rechazar “más de mil millones del Gobierno central” y privar así a los ciudadanos de recursos para sanidad y educación. Es decir, el mismo partido al que durante años se acusó de querer “romper España” ahora es culpable de… no querer suficiente dinero de ella. La coherencia brilla por su ausencia.
El Circo Continúa
Al final, este episodio no es más que un acto más en el gran circo de la política española. Donde los socios de ayer son los ultras de hoy, donde las promesas son moneda de cambio hasta que dejan de ser útiles, y donde la única verdad immutable es que, para mantenerse en el poder, no hay giro que no valga la pena.
Pedro Sánchez, ese Houdini de la política, nos demuestra una vez más que su mayor talento no es gobernar, sino reescribir la realidad sobre la marcha. Y mientras, en Waterloo, un expresidente sonríe, sabiendo que, al menos, ha logrado algo histórico: ser, simultáneamente, el ángel salvador y el demonio del mismo hombre.









