Crónica de una desprotección anunciada: el grito ahogado de las víctimas en el PP y el PSOE

Feb 6, 2026

Sucesos España - Portada 5 NOTICIAS 5 Crónica de una desprotección anunciada: el grito ahogado de las víctimas en el PP y el PSOE

La simultaneidad de los escándalos de Manuel Bautista y de Paco Salazar revela un manual idéntico de encubrimiento: dilación, disuasión y abandono

El patrón es idéntico, solo cambian las siglas. En febrero de 2024, una concejal del Partido Popular en Móstoles inició un grito de auxilio por escrito: nueve correos electrónicos al gabinete de Isabel Díaz Ayuso describiendo una «situación insostenible de discriminación» que derivaba en presunto acoso por parte de Manuel Bautista (alcalde de Móstoles). Casi al mismo tiempo, dentro del PSOE, varias trabajadoras denunciaban a través del canal interno un presunto acoso sexual y laboral por parte de Francisco Salazar, hombre de confianza de Pedro Sánchez.

Dos víctimas, dos partidos mayoritarios, un mismo desenlace: la maquinaria partidista, en un ejercicio de hipocresía estructural, antepuso la protección del estatus quo y de sus cargos a la defensa de quienes sufrían. La crónica de estas dos desprotecciones desnuda el manual no escrito que se activa cuando el monstruo anida en casa

El Caso PP: Los nueve correos que nadie quiso escuchar

El viacrucis de la concejal de Móstoles es el mapa detallado de un naufragio institucional. Tras su primera solicitud de «amparo» en febrero, solo recibió derivaciones burocráticas al partido. En sus reuniones con la cúpula del PP de Madrid, en lugar de activar protocolos, recibió consejos para callar.

Frases de altos cargos, recogidas en acta por la propia edil, son un compendio de lo que nunca debe ser la protección a una víctima: «Ayuda no es hacerlo público, eso te va a hundir», le dijo la vicesecretaria Ana Millán, quien llegó a sentenciar: «Protegerte es no hacer nada». El secretario general, Alfonso Serrano, preguntaba: «¿Qué podemos hacer? No vale venir aquí a contar esta situación sin proponer solución». La solución implícita era la inacción. Tras ocho meses de desesperación, la concejal renunció. El partido, entonces, intentó reducir el debate a una discusión miserable: si en el séptimo o el octavo correo aparecía ya la palabra «acoso sexual».

El Caso PSOE: El ‘cajón’ y el ‘fallo informático’

Mientras esto ocurría en el PP, dentro del PSOE se desarrollaba un guión paralelo. Varias denuncias contra Francisco Salazar, un cargo de confianza de la dirección socialista, quedaron paralizadas durante casi cinco meses en el canal interno de la organización. La justificación posterior fue un supuesto «fallo informático» que las había «extravíado».

Durante ese tiempo, Salazar continuó en su puesto. El partido, que públicamente se erige como paladín del feminismo, manejó el caso con una opacidad que contradice su relato. Una senadora socialista llegó a admitir que la formación «erró en la transparencia y comunicación». No fue hasta que el caso estalló en los medios que el PSOE apartó a Salazar, quien ya afronta una denuncia penal admitida a trámite.

El Manual Común del Encubrimiento: Cuatro Pasos para Fracasar

  1. Dilación Estratégica: En Móstoles, ocho meses de correos y reuniones infructuosas. En el PSOE, cinco meses de denuncias en un limbo digital. El tiempo no trabaja para la verdad, sino para el desgaste de la víctima y la contención del escándalo.
  2. Minimización y Disuasión Encubierta: El mensaje a las víctimas, en ambos casos, fue claro: denunciar públicamente es un camino que «te va a hundir». Se invierte la carga: el problema deja de ser la conducta del presunto acosador y pasa a ser la posible reacción mediática y judicial.
  3. Protección Primero del Cargo y del Partido: La prioridad no es la justicia, sino el control de daños. En el PP, derivaron el «problema» a la sede nacional de Génova. En el PSOE, se adujeron fallos técnicos. El instinto no es investigar, sino aislar el caso.
  4. El Doble Rasero Ideológico en Estado Puro: El PSOE gestiona con oscurantismo un caso grave en sus filas. El PP, que señala con el dedo aquella opacidad, aplica en privado el mismo manual de desánimo. La brecha entre el discurso público grandilocuente y la práctica interna miserable es abismal en ambos.

La Dignidad es Negociable, el Poder No

La simultaneidad de estos casos no es casual. Es sintomática de una cultura política tóxica donde la lealtad a la estructura y la preservación de la imagen pesan más que la dignidad de las personas. Los protocolos escritos se archivan y en su lugar se activa uno no escrito: el del encubrimiento.

El mensaje que las cúpulas del PP y el PSOE envían a sus bases y a la sociedad es aterrador: aquí, dentro, la palabra de una víctima vale menos que la comodidad de un cargo. La concejal de Móstoles y las trabajadoras del PSOE no luchaban solo contra un presunto acosador. Luchaban contra un sistema perverso que, con independencia del color, convierte la política en un refugio para la desprotección. Su derrota es una derrota colectiva. Y hasta que esta lógica no se rompa, los discursos sobre igualdad seguirán siendo, para muchas dentro de esos mismos partidos, un eco hueco y una burla.

 

Tal vez te gustaría leer esto