Carta de un votante socialista a un amigo de derechas

Mar 21, 2026

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Querido amigo:

Recibo tu enésima carta, la número 437 según mi contador de “intentos de despertarme”. Me juras por tu madre, por la salud de tus hijos y por las cenizas de tu abuelo republicano que Pedro Sánchez miente. Que miente compulsivamente. Que miente como respira. Que si abriera la boca en el vacío del espacio, mentiría también. Y me preguntas, con esa cara de angustia existencial que tanto te caracteriza, cómo es posible que yo, un ser humano con dos ojos en la cara y una neurona que aún parpadea de vez en cuando, siga votándole.

Pues verás, te lo voy a explicar con la paciencia de un santo y la claridad de un láser quirúrgico: no es que no me haya dado cuenta. Es que me he dado cuenta más que tú. Lo sé todo con una precisión que haría palidecer al CNI. Y precisamente por eso, porque lo sé y he alcanzado un nivel de conciencia tan elevado que atraviesa la mentira y sale por el otro lado como si nada, es por lo que voto. Bienvenido a mi mundo: donde la verdad es un estorbo y la coherencia, una enfermedad de pobres.

Sobre la concepción del hombre mujer

Vamos con lo del “concepción del hombre mujer”. Cuando oigo eso de que el sexo es un invento, una mera declaración de voluntad, un suspiro y ya eres del otro equipo, ¿tú crees que me lo creo? ¡Pero si yo he visto espermatozoides al microscopio en 3D y con sonido envolvente! Soy tan poco idiota que me sé la secuencia del cromosoma Y de pe a pa. Pero, amigo, ahí no está la cuestión. La cuestión es que repetir esa burrada con la cara seria, mirando a la cámara y sin despeinarme, me da una satisfacción comparable a la de ganar la lotería mientras esquías en un campo de nubes. ¿Que es mentira? ¡Claro que es mentira! Pero es nuestra mentira, la del carnet socialista, la que nos permite entrar en los círculos donde se reparte prebendas. ¿Acaso tú crees que yo me creo que los Reyes Magos son reales o que los niños vienen de París? Pues eso: pero qué bonito es ver a los niños ilusionados de que todos los años les van a traer regalos y que vinieron a este mundo volando. Yo soy el niño, las prebendas son mi ilusión, los Reyes Magos y la cigüeña son Pedro Sánchez repartiendo falsas promesas al pueblo. Y yo aplaudo por mi privilegio.

Sobre los inmigrantes

Los inmigrantes. “Vienen a pagar nuestras pensiones”, repito yo con la mano en el pecho, la mirada perdida en el infinito y una lágrima de emoción en el ojo. ¿Que si me lo creo? ¡Pero si yo soy sociólogo! Sé que la relación entre llegadas masivas y colapso de servicios públicos es más directa que un disparo a bocajarro. Sé que meter un millón de personas sin construir una sola vivienda hace que el precio del alquiler se vaya a Marte. Lo sé con la misma certeza con que sé que el agua moja y el cielo no es verde. Pero, amigo, ¿acaso te crees que cuando miro los datos me deprimo? ¡No! Me da una euforia inconmensurable, porque mentir sobre esto es un acto de fe revolucionario, es mi pequeño granito de arena para que la historia me juzgue como alguien que estuvo en el lado correcto, aunque ese lado sea un barco que se hunde y yo siga diciendo que flota.

Sobre los indultos

Los indultos. “Para fomentar la concordia”, dijo. ¡Pero si la concordia es mi segundo nombre! Yo soy tan pro-concordia que firmaría un pacto con Belcebú si me garantiza seguir en el poder. Y lo sé. Lo sé con la misma claridad con que sé que mis impuestos no se invierten en I+D sino en pagar sobresueldos a asesores inútiles que escriben tuits. Pero ¿qué prefieres, amigo? ¿Una concordia cara pero nuestra, o una discordia barata pero del PP? Piénsalo. Mientras tanto, yo aplaudo la concordia, que es como llamamos al chantaje asumido con dignidad.

Sobre la corrupción

Ahora, la corrupción. ¡Ay, la corrupción! Me dices que están saliendo cosas, que apuntan a quien apuntan, que las UCOs no mienten, que los papeles queman. Y yo te digo: ¿y? ¿Acaso crees que yo pienso que la política española es un convento de clausura? ¡Pero si yo sé que todo el que puede se lo lleva calentito desde la época de los visigodos! La única diferencia es que ahora se lo llevan los míos, y los míos, cuando se lo llevan, me dejan la tele pública para ver debates sectarios mientras me como el jamón que me dieron en el mitin. ¿Que es cíclico? ¡Es la rueda de la vida! ¿Que es inmoral? ¡La moral es un concepto burgués! Y yo, como buen votante socialista, he trascendido la moral para abrazar la lealtad. Robarán, pero roban con estilo, con ruedas de prensa y con lenguaje inclusivo. Eso, amigo, no lo tiene cualquiera.

Para que perder el tiempo discutiendo

Por eso, y aquí viene lo gordo, he dejado de discutir. ¿Para qué voy a perder mi precioso tiempo debatiendo contigo si tú todavía crees en esa cosa decimonónica llamada “realidad compartida”? Discutir civilizadamente sería admitir que tú tienes algo de razón, y eso, amigo, sería el principio del fin de mi militancia. Yo no discuto, yo impongo. Yo no dialogo, yo coreo. Yo no razono, yo aplaudo. ¿Que parezco un autómata? ¡Pues claro! Pero soy un autómata que cobra subsidio, que tiene su plaza en la manifestación y que sabe que mientras repita el mantra, el poder me sonríe. ¿Tú puedes decir lo mismo con tus datos del INE? No. Tú te quedas fuera, con la razón en la mano y el carnet de biblioteca, mientras yo estoy dentro, en la alfombra, repitiendo que el cielo es verde y que el fuego moja y que dos y dos son cinco y que nos va de puta madre.

A mi no me miente

Porque ahí está lo sublime, amigo. Lo sublime es que ya no engaña a nadie. Sánchez sabe que sabemos que el sabe que sabemos que miente. Es una mentira de espejos, una catedral de la falsedad donde cada uno sabe su papel. Y lo mejor de todo es que a mí me libera. Mientras existiera la posibilidad de que creyera en lo que dice, yo tendría que intentar convencerte, y menudo trabajo. En cambio, ahora, con la mentira tan burda que hasta un hámster la detectaría, me relajo. Sé que es una ordalía, un rito de paso, la humillación necesaria para seguir en la tribu. Y yo, amigo, me humillo con orgullo. Me pongo de rodillas, ofrezco el cuello al lobo alfa, ladro la consigna y me levanto con mi bolsa de viaje del Imserso. ¿Que es degradante? ¡Es mi ascensor social!

La verdad es para los que tienen tiempo

Así que, por favor, no me vengas con la verdad. La verdad es para los que tienen tiempo, para los que no han hecho la comunión socialista, para los que todavía creen que la política es un debate de ideas y no una guerra de trincheras. Yo ya elegí mi trinchera, y mi trinchera es esta: repetir la mentira con la cara más seria del mundo mientras por dentro me parto de risa, porque sé que el sabe que yo sé que el sabe, y aún así seguimos, como un teatro del absurdo con financiación europea.

En conclusión, querido amigo: no soy ningún enajenado, ningún alienado, ningún fanático que se cree sus propias trolas. Soy un realista hiperbólico, un estratega de la supervivencia, un hombre que ha comprendido que en este país el que no corre, vuela, y que si además te pones a correr repitiendo mentiras, vuelas más alto que un cohete espacial de los de antes. Yo vuelo, amigo. Y desde las alturas, te veo a ti, abajo, con tus datos objetivos, tus estadísticas irrefutables y tu pobre carnet de identidad. Y te digo: sube. Sube que no duele. Solo tienes que repetir conmigo que el cielo es verde. Verás qué pronto te acostumbras.

Un abrazo tan grande como mi cinismo,

Atentamente,
Un votante socialista (tan lúcido que me he dado cuenta de que me he dado cuenta de que me he dado cuenta, y aun así voto)

 

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