Ángel Cabrera, ‘El Rubio’: el secuestro que estremeció a Canarias y desveló las sombras de una época

Ene 18, 2026

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Un caso que entretejió independentismo, crimen, represión y tragedia familiar, dejando una huella imborrable en la memoria de las islas.

ARUCAS, GRAN CANARIA. — La madrugada del 2 de junio de 1976, en el chalet ‘Las Meleguinas’ de Santa Brígida, un hombre irrumpió en la habitación del empresario Eufemiano Fuentes Díaz. Con una pistola en la mano, Ángel Cabrera Batista, conocido como ‘El Rubio’, de 30 años y vecino de La Hoya de San Juan (Arucas), dio una orden seca: “Levántese, vístese y venga conmigo, tengo una pistola y varios que me esperan abajo”. Así comenzó uno de los secuestros más mediáticos y complejos de la transición canaria, un episodio que trascendió el crimen para convertirse en un símbolo de las tensiones políticas, la violencia y las sombras de una época convulsa.

El cadáver de Fuentes Díaz, de 65 años, sería encontrado días después, el 9 de junio, en una cuneta de la carretera que une Arucas y Firgas, con un tiro en la cabeza. Pero entre el secuestro y el hallazgo, se desencadenaría una trama de rescate, tiroteos, persecución y una represión que se cebaría con toda la familia Cabrera, aún hoy recordada en su barrio como “muy querida” y a Ángel como un “tipo afable y cercano”.

El secuestro y la nota del “rojo 13”

Testigos vieron a ambos hombres partir en el Cadillac del empresario hacia el norte de Gran Canaria. En la casa, ‘El Rubio’ dejó una nota exigiendo un rescate de 90 millones de pesetas. En las llamadas a la familia, según el testimonio de la hija de la víctima, el secuestrador se identificó como “rojo 13 MPAIAC” –la sigla del independentista Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario– y hablaba “con acento canario como si fuera de Sáhara”, un detalle que apuntaba a un intento de confusión o a un guiño a las conexiones saharauis del independentismo canario de la época.

El intento de entrega del rescate, cerca del cementerio de San Lázaro en Las Palmas, terminó en tragedia. ‘El Rubio’, apostado en una zona alta, ametralló a los policías que esperaban. El subinspector Manuel Rey Mariño resultó herido de muerte. Este acto elevó la gravedad del caso a un nuevo nivel, desatando una cacería humana y una ola de indignación.

La sombra de la violencia policial y la familia vejada

La respuesta policial fue contundente y, según múltiples testimonios y sentencias posteriores, desproporcionada y brutal contra la familia del secuestrador. La represión no se hizo esperar. José Manuel Carballo, un policía, fue juzgado y condenado por violar a Rosario Cabrera Batista, hermana de Ángel. El padre, Juan Cabrera García, y un hermano, José Juan Cabrera Batista, fueron condenados en 1980 a 8 y 6 años de cárcel, respectivamente, por una presunta colaboración en el secuestro, unos cargos que la familia siempre negó enérgicamente.

Otro hermano, Roberto Victoriano Cabrera Batista, entonces cabo en el cuartel de Artillería, fue acusado de facilitar información para el robo de armas cometido por Ángel en marzo del 76. Tras salir en libertad, Victoriano desapareció sin dejar rastro en 1983, en circunstancias nunca aclaradas, añadiendo otro capítulo de misterio y dolor a la saga familiar.

La violencia se extendió más allá de Gran Canaria. El 22 de septiembre de 1976, en Somosierra (Tenerife), el estudiante Bartolomé García López fue tiroteado mortalmente por la policía, que alegó haberlo confundido con ‘El Rubio’. Su muerte generó una masiva movilización social en Tenerife y se convirtió en un emblemático caso de rechazo a la violencia policial durante la transición.

La fuga, el exilio y la entrega

‘El Rubio’, sin embargo, logró escapar del cerco. Con ayuda del MPAIAC –cuya responsabilidad en el secuestro el movimiento siempre negó, considerándolo un acto personal de Cabrera–, huyó a Argelia, donde residió durante más de una década. No fue hasta agosto de 1989 cuando, quizá cansado o enfermo, decidió regresar y entregarse a la policía en Las Palmas.

Su juicio al año siguiente lo condenó por el asesinato de Eufemiano Fuentes Díaz a decenas de años de prisión, aunque fue absuelto de la muerte del subinspector Rey Mariño. Cumplió condena principalmente en la prisión de El Salto del Negro, en Gran Canaria.

Un final en libertad y el legado de un drama

Los últimos años de Ángel Cabrera estuvieron marcados por el deterioro de su salud. Las autoridades penitenciarias, temiendo su muerte inminente, lo excarcelaron en 2005, 14 años antes del fin teórico de su condena. Regresó a su Arucas natal, donde falleció el 24 de febrero de 2005, a los 58 años.

La figura de Ángel Cabrera ‘El Rubio’ sigue siendo un rompecabezas doloroso en la memoria histórica de Canarias. Para algunos, fue un criminal violento; para otros, un independentista radical cuyos actos se enmarcaron en una lucha política, y cuya familia pagó un precio atroz por una supuesta culpa colectiva impuesta por el Estado. Su caso sigue siendo un espejo oscuro de los años de plomo de la transición española en las islas, donde las líneas entre la acción política, el crimen, la represión estatal y la tragedia familiar a menudo se difuminaron, dejando heridas que, casi medio siglo después, aún no han cerrado del todo.

 

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