ADIÓS A UN PERIODISTA DE RAZA: FERNANDO ONEGA, LA PLUMA QUE HIZO HISTORIA Y QUE YA NO HACE FALTA PRESENTAR

Mar 3, 2026

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El periodismo español está de luto. Este martes, 3 de marzo de 2026, nos ha dejado Fernando Ónega a los 78 años, y con él se apaga una de las voces más lúcidas, respetadas y, sobre todo, más humanas de nuestra democracia.

En un tiempo donde la inmediatez y el ruido a menudo sepultan la reflexión, la muerte de Ónega nos recuerda el vacío que deja una forma de entender la profesión que, como bien reza el sentir popular, ya no se encuentra fácilmente hoy en día.

Nacido en la pequeña aldea de Mosteiro (Lugo) en 1947, Fernando Ónega era, ante todo, «periodista y gallego», aunque él mismo admitía no saber en qué orden . Esa dualidad entre la esencia de su tierra y la capital de España definió a un hombre que llegó a Madrid con un transistor y la vocación de contar la realidad. A los 13 años ya había publicado su primer trabajo, y a los 15 firmaba una página semanal en El Progreso de Lugo . Su carrera, sin embargo, no fue un golpe de suerte, sino el fruto de una entrega total al oficio.

Si hay una frase que perdurará en la memoria colectiva de España, esa es «Puedo prometer y prometo». Detrás de esa promesa electoral de Adolfo Suárez en 1977 estaba la pluma de Fernando Ónega, entonces director de prensa de la Presidencia del Gobierno . Fue el cronista privilegiado y, a la vez, artífice silencioso de la Transición. Él puso palabras al miedo, a la esperanza y a la voluntad de cambio de todo un país, elevando a categoría política lo que en la calle era simplemente normal. Suárez hablaba, pero era Ónega quien encontraba la fórmula exacta para que España se sintiera identificada .

Pero su grandeza no residía solo en su cercanía al poder, sino en su capacidad para contarlo todo con rigor y una honestidad intelectual que hoy brilla por su ausencia. Dirigió informativos en la Cadena SER, y desde allí vivió en primera persona la angustia del 23-F, manteniendo a los españoles informados cuando más lo necesitaban . Más tarde, su voz y su criterio pasaron por la COPE, Onda Cero (donde llegó a ser director general en dos etapas), Telecinco, Antena 3 y, por supuesto, la prensa escrita, con sus memorables columnas en La Vanguardia y La Voz de Galicia .

Fernando Ónega era de esos periodistas que no necesitaban levantar la voz para ser escuchados. En sus artículos y tertulias, su ironía fina y su mirada afilada, pero nunca dogmática, ofrecían un remanso de pausa y sentido común. La Casa Real lo despidió recordándolo como un «referente del mejor periodismo desde la Transición» y un «maestro de periodistas» que nos regaló «crónicas, ironía y esa mirada honesta de la realidad» . Y es que, en un gremio cada vez más polarizado, él representaba la concordia, la serenidad y el análisis profundo.

Su carrera fue reconocida con innumerables galardones: tres premios Ondas (el último a la trayectoria en 2020), la Antena de Oro, el Micrófono de Oro y, apenas unos días antes de su muerte, el XXXIX Premio de Periodismo El Correo-Fundación Vocento por su artículo ‘Salvar las instituciones’ . Un premio póstumo que subraya la vigencia de su pensamiento hasta el final. La Asociación de la Prensa de Madrid lo distinguió en 2024 con el Premio de Honor por ser «un ejemplo de los principales valores de la profesión: rigor, reflexión, análisis y ética» .

Pero Ónega no solo vivió del pasado. Hasta hace apenas unos meses, seguía escribiendo y opinando, y presidía el diario digital 65ymás.com, demostrando que el periodismo de calidad no entiende de edades, sino de compromiso . En 2022, cuando anunció su retirada de la radio diaria, soltó una frase que lo pinta de cuerpo entero: «No he disfrutado de un solo puente en toda mi vida» . Una vida dedicada por entero a informar, a menudo sacrificando lo personal por lo profesional.

Ese sacrificio tuvo un contrapunto de ternura cuando, en 2021, su esposa, Ángela Rodrigo, le donó un riñón, permitiéndole alargar su vida y su carrera . Un gesto de amor inmenso que él contaba con la emoción contenida que le caracterizaba. Y si hablamos de legado, no podemos olvidar a sus hijas, Cristina y Sonsoles Ónega, quienes han continuado con orgullo el apellido en las redacciones y las pantallas, demostrando que la vocación también se hereda .

Hoy, mientras su capilla ardiente permanece abierta en la Casa de Galicia en Madrid, desfilan no solo familiares y amigos, sino también expresidentes como Mariano Rajoy y decenas de compañeros que han querido despedirse del maestro . Las gaitas suenan en su honor, recordando al gallego que nunca olvidó sus raíces .

Se ha ido Fernando Ónega, y con él se va un pedazo de la historia de España. Se va el periodista que supo escribir los sueños de un país y contar sus desengaños con la misma elegancia. En una era de titulares gritados y opiniones prestadas, nos deja la lección de que el periodismo, el de verdad, se hace con la pluma, con la cabeza y, sobre todo, con el corazón.

Gracias por todo, maestro. Los que le siguen le echarán de menos. Los que vienen detrás deberían estudiar sus textos para aprender qué significa ser un gran periodista. DEP

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