El abrazo letal de la yihad: Sánchez, el presidente a quien los terroristas aplauden

Mar 12, 2026

Sucesos España - Portada 5 OPINIÓN 5 El abrazo letal de la yihad: Sánchez, el presidente a quien los terroristas aplauden

Hamás y los Hutíes bendicen la deriva exterior de España mientras sus aliados históricos miran con estupor; la geopolítica de la ocurrencia convierte a un socio europeo en un rehén moral del fanatismo

«Celebramos la decisión del Gobierno español de retirar a su embajadora de la entidad sionista criminal… es una postura noble que refleja un genuino compromiso con los valores humanos». No es un bulo ni una nota de prensa satírica. Es el comunicado literal emitido este miércoles por Hamás, la organización terrorista responsable de la masacre del 7 de octubre de 2023, donde asesinaron a más de 1.200 personas y secuestraron a cientos.

La pregunta es inevitable: ¿qué debe sentir un presidente del Gobierno cuando la principal noticia sobre su política exterior no es un logro diplomático, sino una felicitación explícita de un grupo incluido en las listas de terroristas de la Unión Europea y Estados Unidos? Si la respuesta es «indiferencia» o, peor aún, «orgullo velado», España tiene un problema.

El cese formal de la embajadora Ana María Sálomon, publicado en el BOE, no es un mero ajuste técnico. Es la culminación de una deriva que ha llevado a España a igualar su representación diplomática al mínimo histórico, situándose al mismo nivel que la encargada de negocios que Israel mantiene en Madrid desde 2024. Pero lo que debería hacer saltar todas las alarmas no es la mecánica burocrática, sino el coro de aplausos que ha despertado la decisión.

No solo Hamás ha celebrado el movimiento. Los hutíes de Yemen, otra organización terrorista que mantiene en jaque el comercio marítimo global y que corea lemas de «muerte a América» y «muerte a Israel», también han emitido un comunicado ensalzando la «valiente» postura de Sánchez. Que dos de las actores más violentos y desestabilizadores de Oriente Próximo coincidan en aplaudir al gobierno de un país europeo y miembro de la OTAN no es una anécdota; es un hecho político de una gravedad extrema.

El «honorable» sello de la yihad

El argumentario del Gobierno intentará vender que estas felicitaciones no buscan dañar la imagen de España. Se dirá que Hamás aplaude cualquier gesto contra Israel, que es una cuestión de «cálculo político» del grupo terrorista. Sin embargo, minimizar este respaldo es un ejercicio de cinismo peligroso.

Hamás no es un actor neutral. Es una organización que tiene como fin explícito la destrucción del Estado de Israel y que utiliza el terrorismo como herramienta. Cuando una entidad así califica la política exterior española de «honorable» y «valiente», está trazando una línea en la arena. Está diciendo, sin ambages, que la deriva de Sánchez les beneficia. Está utilizando al Gobierno de España como coartada moral para su causa.

El problema de fondo no es ejercer una crítica legítima a la política del gobierno de Netanyahu o abogar por una solución de dos Estados, algo que España puede y debe hacer. El problema es el sesgo, la precipitación y el sectarismo con el que se está llevando a cabo. Sánchez ha pasado de condenar los atentados del 7-O a construir un relato en el que Israel es el único responsable de todo lo que ocurre, en una espiral que le ha llevado a prohibir el uso de bases españolas para operaciones contra Irán y a negar el envío de armas, enfureciendo no solo a Israel, sino también a su principal aliado, Estados Unidos.

El precio del aplauso: aislamiento y contradicción

Mientras Hamás aplaude, los aliados tradicionales de España miran con perplejidad y creciente hartazgo. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, ha acusado a Sánchez de ser «antisemita» y de ponerse «del lado de los tiranos». Donald Trump ha amenazado con cortar el comercio bilateral y ha tachado a España de «muy mala».

En el plano europeo, la deriva española empieza a generar incomodidad. Como señala un duro análisis del Jerusalem Post, «Europa no está construida para respaldar el aventurerismo geopolítico unilateral». Mientras Sánchez juega a erigirse en paladín de causas globales, corre el riesgo de quemar los puentes con sus socios naturales. La «huida hacia adelante» que le ha funcionado en política doméstica choca con la gravedad de la geopolítica.

La foto es reveladora. En una mano, Pedro Sánchez sostiene el reconocimiento del Estado palestino, un gesto de alto valor simbólico. En la otra, recoge, aunque sea de refilón, el aval de quienes decapitan inocentes y convierten a los civiles en escudos humanos. La pregunta no es si su postura es más o menos favorable a los palestinos; la pregunta es por qué su política exterior genera el entusiasmo de los terroristas y el rechazo de los demócratas.

Un regalo envenenado

El aplauso de Hamás es un regalo envenenado para Sánchez. Le retrata ante el mundo como un aliado objetivo de quienes niegan el derecho a existir de Israel. Le sitúa en el mismo bando que los hutíes, que financian la desestabilización regional con misiles y drones. Y lo que es más grave, demuestra que su obsesión por marcar perfil propio en Oriente Próximo le ha llevado a un callejón sin salida donde sus únicos valedores públicos son aquellos que deberían ser sus adversarios por definición.

Cuando los terroristas te aplauden, deberías preguntarte si no te has equivocado de camino. Porque si tu «compromiso con los valores humanos» es alabado por quienes violan sistemáticamente los derechos humanos, quizás el problema no sea del mensajero, sino del mensaje que estás enviando. Y ese mensaje, el que legitima a quienes siembran el terror, es el que Pedro Sánchez debería explicar no solo a sus socios europeos, sino a toda la sociedad española.

«Sánchez. Dime de qué presumes en política exterior y te diré quién te aplaude: cuando Hamás te califica de ‘honorable’, el problema ya no es lo que dices, sino en qué bando te han colocado tus actos.»

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