Sánchez condena a España al aislamiento mundial en su cruzada personal contra Trump
La historia recordará este momento como el día en que Pedro Sánchez sacrificó los intereses de 48 millones de españoles en el altar de su propia megalomanía. Mientras el presidente del Gobierno se creía el protagonista de una película de héroes solitarios enfrentándose al Imperio, Donald Trump le ha devuelto a la realidad con un bofetón tan descomunal que se oirá en cada hogar español cuando empiecen a llegar las cartas de despido y las facturas impagadas.
Porque esto no es política exterior. Esto es la estupidez elevada a categoría de Estado. Esto es un hombre con complejo de mesías dispuesto a dinamitar medio siglo de alianzas estratégicas para contentar a su parroquia de radicales y antisistema que aplauden cualquier gesto contra Estados Unidos mientras el país se hunde.
«España no tiene nada que necesitemos»: la humillación más absoluta de nuestra historia reciente
Lean las palabras de Trump y déjense de patriotismo barato. El presidente de Estados Unidos, el hombre más poderoso del planeta, ha mirado a España desde su Despacho Oval y ha dictado sentencia: no necesitamos nada de ustedes . Son basura estratégica. Son irrelevantes. Son un estorbo del que podemos prescindir sin pestañear.
¿Y cuál ha sido la respuesta de Sánchez? Que su vicepresidenta salga a decir que «contamos con los recursos necesarios para contener posibles impactos» . ¿Pero qué recursos? ¿De qué coño habla esta señora? ¿Acaso tiene un teléfono directo con Bruselas para que nos salven? ¿O está confiando en que los inversores americanos sigan apostando por un país cuyo presidente insulta sistemáticamente al suyo?
Esto no es un gobierno. Esto es una banda de iluminados que viven en una burbuja donde creen que las bravuconadas en Twitter y los artículos en The New York Times pueden sustituir a la realidad. Y la realidad es muy simple: Estados Unidos es nuestro principal inversor extranjero, el comprador de nuestros vinos, nuestro aceite, nuestros productos agroalimentarios y nuestros repuestos industriales. Cuando Trump hable de «cortar todo el comercio», no se refiere a un tuit amenazador. Se refiere a aranceles. A embargos. A la ruina absoluta de sectores enteros de este país.
La alianza que Sánchez dinamita por postureo
Lo más grotesco de todo es que esta pelea no obedece a ningún interés nacional. Sánchez ha prohibido el uso de las bases de Rota y Morón para ataques contra Irán en un gesto de desafío que ni nuestros socios europeos, mucho más potentes que nosotros, se han atrevido a hacer. Mientras Merkel, Macron y el propio Reino Unido mantenían una prudente discreción, Sánchez se lanzaba al ruedo como el toro de la Vega, dispuesto a embestir contra todo lo que oliera a Trump.
Pero esto no es valentía. Esto es una temeridad de quien sabe que las balas nunca le alcanzarán a él ni a los suyos. Cuando las consecuencias lleguen, Sánchez seguirá viviendo en la Moncloa con escolta y coche oficial, pero los agricultores de Almería, los exportadores de vino de La Rioja y los trabajadores de las fábricas de componentes de automoción se preguntarán quién les va a pagar el pan.
La respuesta es nadie. Porque mientras el PSOE y sus socios de Podemos aplauden la «dignidad» del presidente, la Casa Blanca ya está trazando planes de contingencia para sustituir productos españoles por mexicanos, chilenos o argentinos. Y una vez que pierdan esos mercados, no los recuperaremos en décadas.
La traición a los militares y a la OTAN
Permítanme un inciso sobre la hipocresía suprema de este gobierno. Resulta que permitimos que las bases americanas sigan en territorio español, cobramos por ello, nos beneficiamos de la seguridad que proporcionan y del empleo que generan, pero cuando llega el momento de actuar como aliados, sacamos pecho y decimos que no.
¿Qué coño esperaba Sánchez? ¿Que Trump iba a decir «oh, qué pena, lo siento mucho, sigamos siendo amigos»? Esto es la alianza atlántica, no un club de fans de Pedro Sánchez. Si no quieres problemas con Estados Unidos, no aceptes sus bases. Si las aceptas, asume las consecuencias. Pero este gobierno quiere estar en misa y repicando, cobrar el cheque americano y además quedar bien con los ayatolás de Irán y con la extrema izquierda antisistema.
Los militares españoles destinados en estas bases, los acuerdos de inteligencia compartida, las operaciones conjuntas contra el terrorismo… todo eso vale cero para un presidente que solo piensa en su próxima foto en un mitin.
El PSOE: del «No a la guerra» al «No al comercio»
Qué curioso es ver a los mismos que llenaban plazas con pancartas contra Bush ahora gobernando y tomando decisiones que afectan a la economía real. El PSOE ha vuelto a sus esencias: el antiimperialismo barato, la retórica vacía y la certeza absoluta de que la realidad se doblegará ante sus buenos sentimientos.
Pues no, señor Sánchez. La realidad no se doblega. La realidad viene con aranceles, con empresas que se van a Portugal, con inversores que huyen a Polonia y con un futuro de paro y miseria para los españoles que no tienen la suerte de vivir de la política.
Porque mientras usted se dedica a sus peleas de gallitos internacionales, los españoles de a pie están viendo cómo la cesta de la compra se dispara, cómo sus hipotecas suben y cómo sus hijos tienen que emigrar. Pero a usted eso le da igual. Usted tiene un legado que construir: el del líder progresista que plantó cara al fascismo trumpista. Qué importa que ese legado esté escrito con la sangre económica de los trabajadores.
La soledad de España: ni Europa nos salva
Lo más patético de todo es que estamos solos. Completamente solos. Mire a su alrededor, señor Sánchez. ¿Dónde están sus aliados europeos? ¿Dónde están los alemanes? ¿Dónde los franceses? Todos callados, todos mirando hacia otro lado, todos esperando a ver cómo termina esta función de circo para recoger los restos.
Porque ellos saben algo que usted ignora: que cuando uno se enfrenta al sheriff, tiene que estar seguro de tener una pistola. Y usted ni siquiera tiene una navaja. Nos ha dejado indefensos, aislados y ridiculizados ante el mundo entero. El mismo Trump se ha encargado de dejarlo claro: «Podríamos usar las bases si quisiéramos, simplemente volar y usarlas» . Es decir, nuestra soberanía es un chiste, nuestras decisiones son papel mojado y nuestro gobierno es un convidado de piedra al que se tolera mientras no moleste.
Pues bien, ahora molestamos. Y la respuesta va a ser un castigo ejemplarizante que servirá para que ningún otro país europeo se atreva a imitar este comportamiento.
El precio de un ego desmedido
Pedro Sánchez pasará a la historia como el presidente que por su pelea personal contra Donald Trump consiguió lo imposible: que Estados Unidos nos declarara la guerra comercial sin que nosotros hubiéramos disparado un solo tiro. Como el hombre que prefirió los aplausos de la izquierda radical a la defensa de los intereses de su país. Como el estadista que confundió la política exterior con un mitin de Podemos.
Y mientras tanto, en los despachos de las empresas exportadoras, en las cooperativas agrarias y en las fábricas que dependen del mercado americano, solo se oye una pregunta: ¿quién va a pagar esto?
La respuesta, amigo español, eres tú. Con tu trabajo, con tu futuro y con el de tus hijos. Todo por el ego de un hombre que se creyó más grande que su país. Todo por un presidente que confundió la dignidad con la estupidez.
Bienvenidos a la nueva España de Sánchez: más aislada, más pobre y más irrelevante que nunca. Y lo peor de todo es que él, desde su Moncloa blindada, ni siquiera se va a enterar.









