El día que ETA segó la vida de 12 guardias civiles en la plaza de la República Dominicana, para que los asesinatos de ETA no caigan en el olvido
El 14 de julio de 1986 amaneció como cualquier otro día de verano en Madrid. A las 7:45 de la mañana, un convoy de la Guardia Civil circulaba por la plaza de la República Dominicana con 70 agentes a bordo, todos ellos alumnos de la Academia de Tráfico. Ninguno podía imaginar que se convertirían en el blanfo de uno de los atentados más sangrientos de ETA contra el instituto armado.
El dispositivo del terror
Los terroristas de ETA, pertenecientes al «comando España», habían estudiado meticulosamente los movimientos de los guardias civiles. Los jóvenes agentes, con edades comprendidas entre los 18 y 25 años, seguían invariablemente la misma ruta cada mañana desde el acuartelamiento de Príncipe de Vergara hacia la Venta de la Rubia para realizar sus prácticas de conducción en motocicleta. Esta rutina previsible los convertía en un objetivo vulnerable.
El convoy estaba formado por un autobús, un microbús y dos todoterrenos de protección. Los terroristas apostaron una furgoneta bomba cargada con 35 kilogramos de Goma-2 y metralla, ocultos en cinco ollas a presión y camuflados con rollos de papel higiénico . Antonio Troitiño, uno de los terroristas más buscados, esperaba en una parada de autobús cercana con el detonador en la mano, mientras Iñaki de Juana Chaos aguardaba en un vehículo preparado para la huida.
El momento elegido para el ataque fue calculado con precisión macabra: cuando el primer todoterreno había rebasado ya el semáforo, dejando los autobuses con la mayor concentración de guardias civiles expuestos, y el vehículo de retaguardia permanecía detenido en el semáforo anterior. En ese instante, Troitiño accionó el dispositivo.
La explosión y el caos
La detonación lanzó el autobús por los aires. El balance inmediato fue dantesco: cuatro agentes muertos en el acto y 43 guardias civiles y 17 civiles heridos, entre estos últimos seis personas que esperaban en una parada de autobús cercana. La cifra de víctimas mortales aumentaría progresivamente a lo largo del día.
Para las 21:30 horas se anunció una novena víctima mortal, y finalmente el número se elevó a doce guardias civiles fallecidos. Entre ellos se encontraban:
- Carmelo Bella Álamo
- José Calvo Gutiérrez
- Miguel Ángel Cornejo Ros
- Jesús María Freixes Montes
- Jesús Jiménez Jimeno
- Andrés José Fernández Pertierra
- José Joaquín García Ruiz
- Santiago Iglesias Godino
- Antonio Lancharro Reyes
- Javier Esteban Plaza
- Miguel Ángel de la Higuera López
- Juan Ignacio Calvo Guerrero
Javier Esteban Plaza, de 26 años y natural de Guadalajara, falleció cuatro días después en el Hospital La Paz a causa de las graves heridas. Su nombre se sumaría a la lista de jóvenes vidas truncadas por la sinrazón terrorista.
Contexto y reacciones
El atentado se produjo en un momento de intensa campaña terrorista. Solo en 1986, ETA había causado 24 muertes antes de este ataque. El «comando Madrid» había sido responsable de 20 asesinatos el año anterior, incluyendo cinco muertes en un atentado tres meses antes y tres más en otro el mes anterior, ambos en la capital.
El ataque ocurrió en un contexto político delicado: tres semanas después de las elecciones generales y justo un día antes de la sesión de apertura de las nuevas Cortes. Hubo especulaciones sobre si el atentado era una respuesta a la decisión del gobierno francés de deportar a Domingo Iturbe Abasolo, presunto dirigente de ETA militar, a Gabón, pero el vicepresidente Alfonso Guerra descartó esta teoría, señalando que un operativo de tal envergadura requería «un amplio periodo de planificación».
El alcalde de Madrid, Juan Barranco, convocó tres minutos de silencio al mediodía del mismo 14 de julio en señal de duelo y solidaridad con las víctimas y sus familias.
Justicia y consecuencias
La respuesta policial no se hizo esperar. Troitiño y De Juana Chaos fueron detenidos el 16 de enero de 1987 cuando las fuerzas de seguridad intervinieron su base de operaciones en un piso de la calle Río Ulla de Madrid. En la misma operación fueron arrestados otros cinco miembros de ETA.
El juicio se celebró en la Audiencia Nacional los días 24 y 25 de octubre de 1989, donde los acusados admitieron su autoría. Todos ellos fueron condenados a un total de 2.232 años de prisión por 12 asesinatos, 78 asesinatos frustrados, un delito de estragos y un delito de atentado con resultado de muerte, las penas más altas impuestas hasta entonces en España.
Como consecuencia directa del atentado, la Escuela de Tráfico de la Guardia Civil cambió de ubicación primero a Valdemoro y posteriormente, en 1996, a Mérida (Badajoz).
Memoria imborrable
Casi cuatro décadas después, el atentado de la plaza de la República Dominicana permanece en la memoria colectiva como uno de los episodios más brutales de la historia del terrorismo en España. No solo por la crudeza del ataque y el número de víctimas, sino por la juventud y condición de los asesinados: jóvenes guardias civiles que se preparaban para servir a la sociedad española.
Hoy, la plaza de la República Dominicana se ha convertido en símbolo del recuerdo y homenaje a todas las víctimas del terrorismo en la Guardia Civil. Un lugar de memoria que nos recuerda que, como señalaba el mensaje institucional de la Benemérita, «no olvidamos ni olvidaremos nunca a aquellos/as que prestaron a España el mayor servicio: una convivencia en paz».









